viernes, 14 de julio de 2017

Qué enseña Pablo sin inmutarse ni mover un solo párpado



ROMANOS 11:1-10
“Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín. No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció. ¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo invoca a Dios contra Israel, diciendo: Señor, a tus profetas han dado muerte, y tus altares han derribado; y sólo yo he quedado y procuran matarme?  Pero ¿qué le dice la divina respuesta? Me he reservado siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal. Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia.  Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.  ¿Qué pues? Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado; pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos; como está escrito: Dios les dio espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy. Y David dice: Sea vuelto su convite en trampa y en red, En tropezadero y en retribución; Sean oscurecidos sus ojos para que no vean, Y agóbiales la espalda para siempre”.

En este texto veremos cómo Pablo saca de la consternación a sus hermanos judíos que no saben porqué tantos judíos rechazan el evangelio. Ya algunos, y quizás griegos también, estaban pensando que el pueblo de Israel no formaba más parte del plan divino, que se había vuelto totalmente a los gentiles. Pablo afirma que no, que todavía les queda un futuro de salvación, que, mirando hacia los siglos posteriores, algo espiritualmente pasará entre ellos y volverán a ocupar un lugar prominente en el número de los salvados. Pablo afirma sus pies sobre tres colosales rocas sólidas y salta de la una a la otra para abatir cualquier pensamiento contrario: La elección, la reprobación y la salvación por gracia. Todas las coordenadas del texto van hacia esos tres puntos, y yo haré lo mismo, desentrañar el significado total del texto por medio de esos tres aspectos principales. Hay un remanente escogido por gracia, hay una multitud reprobada por Dios y hay un plan de salvación, la gracia.

Hay un remanente escogido por gracia. Ya desde los capítulos anteriores se ha visto y ahora de nuevo sobresale con insistencia, que, “la palabra de Dios no ha fallado”, y no ha fallado porque la gracia ha escogido de los judíos un remanente, esto es, algunos. Según Pablo, sí ha habido salvación, hay judíos creyentes que han aceptado a Cristo, por lo tanto, ellos dan testimonio que Dios no los ha abandonado completamente y que las promesas hechas a los padres se estaban cumpliendo. Todas estas explicaciones tendrán que ser dadas por causa de los judíos que perplejos se preguntaban porqué sus compatriotas no estaban siendo salvos. “Dios no ha desechado a su pueblo” porque él mismo es uno de quien el Señor ha tenido misericordia (v.2). El problema estriba en la falta de éxito del evangelio entre ellos, que debieran como nación dar testimonio de la veracidad de Jesucristo y no lo hacen, por lo contrario, se oponen tenazmente a que los hombres se salven.
Pablo no deja el argumento suelto, como si defendiendo a Dios por el libre albedrío lo justificara mejor. No dice “muchos no creen porque no quieren, el que quiere creer ha creído”. El libre albedrío no es su explicación. Hay otra mejor, más fuerte, divina.  No, el libre albedrío no es la línea de defensa en la cual se coloca. Al contrario. Escoge un razonamiento más estrecho. El concepto de soberanía divina, que forma parte de su teología mosaica y cristiana, no le permite esgrimir un juicio filosófico, humano, para defender el hecho de la perdición de tantos hombres y mujeres.

En realidad, esa no es su principal preocupación sino la fidelidad de Dios a su palabra, porque “aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia” (v.5). Pablo argumenta contrariamente a como un griego lo haría, afirma que “no depende del que quiere ni del que corre sino de Dios que tiene misericordia pues endurece al que quiere y salva al que quiere” (9:14-18). Llega, sin retroceder, sino avanzando, hasta la doctrina de la elección, y refugiado en ella afirma que, aunque muchos no han creído “los escogidos sí lo han alcanzado y los demás fueron endurecidos” (v.7).

Hay un plan de salvación: la gracia. Aunque la doctrina de la elección “excusa” a Dios de ser acusado de haber abandonado a los judíos, siempre para Pablo ella va de la mano con la salvación por gracia, para aplicarla a un contexto judío existente, cuando los muchos de ellos trataban de salvarse por medio de las obras. Sus lectores u oyentes judíos saltarían escandalizados por la doctrina de la gracia y no por las obras, pero no por la enunciación de la elección la cual ellos muy bien conocían como pueblo; y Pablo sin inmutarse ni mover un solo párpado se la recuerda citando la Escritura que Israel “desde antes” ha sido conocido por Dios y que desde antes ha habido también una elección por gracia, una preservación de un remanente escogido (vv.2-5).

La elección, la reprobación y la salvación por gracia se entremezclan en toda la urdimbre y la trama del texto formando una precisa muestra del pensamiento teológico paulino, muy judío y muy apartado de la forma griega de razonar. Para ellos es insensatez. En conclusión, ¿ha desechado Dios a su pueblo? No. El es una muestra, la Escritura habla de un remanente y en esos momentos, lo mismo, un exiguo grupo de judíos ha sido salvo para demostrar la antigua piedad de Dios para Israel. Y como he dicho, no se inmuta ni mueve un solo párpado al escribirlo.