jueves, 19 de noviembre de 2015

Estudiemos a Cristo no por lo que se diga en Betsaida, Yale y Oxford

Juan 1:43-46
El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme. Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve”.

UNIVERSIDAD YALE
Esto se pone bonito y es dibujado muy bien por el apóstol que conoce de primera mano como el grupo de amigos va rodeando Jesús. Tal vez Felipe conocía a Andrés y Pedro por haber vivido en la misma ciudad. El Señor con su providencia elige el lugar, barrio, ciudad y país donde una persona ha de ser convertida a Cristo. Lo mismo ocurre con Lidia la vendedora de púrpura que es de Tiatira, Asia, y conoce a Cristo  junto a un río en Filipos, Europa. El carcelero es salvo en la cárcel y el etíope en un camino que va de Jerusalén a Gaza. Sin la ayuda de la providencia no podemos encontrar a los elegidos de Dios. Cada uno es convertido exactamente en el sitio que Dios quiere. Y esto hace muy agradable la lectura de biografías o de testimonios que se den sin ediciones añadidas. No se sabe por qué pero tal vez Pedro y Andrés, quizás por cuestiones de trabajo, Dios los movió desde Betsaida a Capernaúm. Lo mismo que pasa con los que huyen por persecuciones como suspirando por el clima social de libertad de un país libre. Cuando Jesús los halla están pescando en el lago de Genesaret o Galilea, muy cerca de Capernaúm, la ciudad donde Jesús estableció su ministerio (Mt 4:13) y donde ellos también se habían trasladado (Mr. 1:21,29). Aquella mudada fue dirigida por Dios. Dios es quien dirige nuestras mudanzas y no debe pesarnos dónde nos lleva si en ese lugar en vez de alejarnos de él nos acercamos más a su voluntad.
En cuanto a Felipe, se convierte en un evangelista cristocéntrico, aunque tendría que hacer algunas pequeñas correcciones por respeto al Jesús histórico, que si bien es llamado de Nazaret su lugar de nacimiento más acorde con la Escritura es Belén (Luc.3:23). Por otra parte también Felipe debe aprender que aunque José es el padre putativo de Jesús, su verdadero padre es Dios (v.45). Con el tiempo y rápido corrigió esos errores. Y de Nazaret sí había salido algo bueno como Jonás y Nahúm (7:51,52). Al terminar los tres años de estudios ya su cristología estaba limpia como un cristal de prejuicios y mentiras y podía enseñar sin ser responsable de haber evangelizado con faltas. A veces no se necesita, un que es mejor que sí, conocer tanto ni tener una teología sin equivocaciones, si se quiere con calor del corazón ganar a alguien para el Señor. Lo providencial sería que alguien más familiarizado con las doctrinas cristianas de la gracia, si escuchan algún joven predicador enseñando errores, tomándolo aparte pueden hacer lo que hacen Aquila y Priscila con Apolos (Hch.18:26). Y haciendo esta salvedad,  por otro lado aunque su conocimiento histórico es defectuoso no lo es tanto como para perjudicar la salvación de quien lo oye; esas dos cosas no son precisamente dos herejías, sino dos históricas equivocaciones que no disminuyen para nada el mensaje de la palabra de Dios ni evitan la inspiración del Espíritu Santo.

No obstante aunque hay una explicación para sus errores, esas dos equivocaciones a Felipe le hacen más difícil evangelizar a Natanael. Si hubiera dicho que era de Belén podría asociarlo al rey David pero no de Nazaret con tantas mezclas étnicas y religiosas y con tantos prejuicios en contra. Y si hubiera dicho que era el Hijo de Dios y no de José hubiera sido tropezadero a los judíos pero no a todos. Este error de conocer a Jesús más profundo lo corrigió y confesó "tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel" (v. 49).
Es una equivocación pensar que se hace más fácil la evangelización del mundo con una teología liberal que con los dogmas antiguos de la fe. Es un error renunciar a nuestras antiguos confesiones y a lo que hemos aprendido en concilios y a través de los llamados "padres de la iglesia". Sobre todo en la Escritura. Aunque los errores y las herejías se puedan abrir rápido camino entre el pueblo ignorante y ganen afiliados para formar sectas, con la gente que piensa y busca la verdad, como Natanael, ellas hallan más obstáculos para ser creídas que la sana doctrina ortodoxa. Aguantan algunos siglos, destruyen miles de almas a su paso, y se mueren porque no son perpetuas. Están basadas no en una buena exégesis de la Escritura sino en el conocimiento humano, en tradiciones de hombres y en prejuicios suscitados.


El “ven y ve” que le dice a Natanael (v.46), es equivalente a vamos a estudiar a Cristo no por lo que en Jerusalén, Betsaida y Capernaúm, Yale y Oxford, se diga de él sino por lo que revela el Espíritu Santo en el evangelio a la iglesia y en la totalidad de la Biblia. Se puede evangelizar con una soteriología defectuosa y con errores cristológicos, pero probablemente las doctrinas de la gracia cuyo sistema conocemos será el que gane a los pecadores hasta el fin del mundo. El bendito destino de las herejías o errores doctrinales, es sucumbir.