viernes, 13 de noviembre de 2015

Tomen el evangelio, dinero y un arma

LUCAS 22:35-38
35Y a ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, sin alforja, y sin calzado, ¿os faltó algo? Ellos dijeron: Nada. 36 Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y compre una. 37 Porque os digo que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y fue contado con los inicuos; porque lo que está escrito de mí, tiene cumplimiento. 38 Entonces ellos dijeron: Señor, aquí hay dos espadas. Y él les dijo: Basta”.
https://www.youtube.com/watch?v=xFiIDl_mt2c 
PELIGROS DE LADRONES (2 CO. 11:23)
No sé con qué tono el Señor les hizo la pregunta que si se habían quedado desamparados, y teniendo que mendigar, cuando los envió a predicar sin llenarles el bolsillo con dinero; los discípulos contestaron negativamente, que no habían tenido escasez de nada como si se hubieran ido con el cinto repleto de plata. La lacónica respuesta de ellos fue "nada"; palabra de inspiración e incentivo para los que salen a predicar el evangelio sin recibir nada de los gentiles, confiando a plenitud que la predicación del evangelio produce corazones agradecidos que sufragan las necesidades de los que lo predican.
La razón por la que Jesús les hace la pregunta es porque habrá un cambio de circunstancias y una forma distinta de providencia. En la primera gira les dijo que dependieran de la hospitalidad de la gente (Mt. 10: 9-10; Mr. 6:8) pero ahora les dijo que no, que llevaran provisiones porque los tiempos han cambiado y si bien nunca debieran ser una carga para nadie, la hospitalidad tiene un límite y no se debe abusar de ella; y además los enemigos de él han ido ganando en hacer impopular sus doctrinas y la gente ha sufrido una rebaja en la disposición de recibirlos y hasta tienen miedo hacerlo, por lo tanto, les pide que pongan sus pies en la tierra, o sea que sean fieles y prudentes (Mt. 24:45) y no toquen ninguna puerta solicitando cama y alimento diciéndose para ellos mismos “nada nos faltará, la providencia no falla, Dios siempre ha provisto”.
Eso suena bonito y con fe; tal vez pensar distinto sea incredulidad; sin embargo la providencia no puede ser sistematizada y más que obrar por la experiencia con ella es mejor preguntarle a Dios si hacemos lo mismo o cambiamos, tomando el ejemplo de David (2 Sa. 5:19-23) y no el de Sansón (Jue. 16:5-21), porque tal vez las circunstancias no son las mismas, como ocurre en este caso. Jesús les dijo a cada uno que lleve su alforja con lo que piense ha de necesitar estando unos días afuera, y dinero para sufragar sus gastos. El Señor no les quitó la fe en la providencia y en las experiencias pasadas sino que se las reafirmó, para luego añadirles, “ahora no será así, usen el sostenimiento propio porque siempre es mejor que solicitar colaboración, que pudiera hacer que la predicación dependa del gusto de los que cooperan”.
Y para completar las recomendaciones para el viaje les aconsejó que debido a haberse multiplicado la maldad y que los caminos en Galilea están llenos de asaltantes, la oración necesita una espada en la mano no para agresión sino como defensa, no de Jesús y su reino sino de sus personas (Mt. 26:51,52); y si alguno no tiene, cómprela que es mejor ir armado que sin un arma para protección (Mt. 5:40; Luc. 22:38); y no parezca extraño, porque no está formando un ejército sino diciéndoles que se protejan. Y cada uno consiguió una espada y si no lo sabía, practicó cómo usarla, dado el caso que alguna mala persona los sorprendiera para despojarlos. Y después del ejercicio de autodefensa, podrían arrodillarse con un cuchillo en el cinto, y orar por la Unción del Espíritu Santo, y así circunstancialmente equipados.
Pablo que corrió muchos peligros, andaba con un médico, Lucas, no con un arma. Por lo menos no se da esa información sino que andaba con un capote y una caja con excelentes libros, publicados libremente por diferentes autores, sin la censura literaria del César, Ni tampoco que hubiera dictado una ley imperial que se recogieran todas las espadas habidas y por haber, hasta cada rincón del imperio, dejando al pueblo completamente desarmado entre tanto que él armaría hasta los dientes a sus soldados, con la intención de hacer injerencia subversiva en algún país, y por otra parte ya de inmediato dejaría a sus súbditos totalmente incapacitados para formar cualquier revuelta contra el totalitarismo de la gobernación. Los césares concedían a la población el derecho a usar espadas para utilizarlas en defensa propia. La Segunda Enmienda Constitucional de aquel viejo tirano concedía a cada ciudadano el derecho de utilizar una espada para auto defensa, para que se protegieran de los hombres y las bestias. No estoy diciendo que cada uno se compre un arma para que se defienda, mientras viaja en su auto, o dentro de su hogar para proteger a su familia y sus pertenencias. Lo que estoy insinuando es que tiene el derecho divino, la aprobación de Jesucristo si considera necesario hacerlo. Después de oído esto, como hombres libres, los discípulos echaron sus dineros en el bolsillo, tomaron los evangelios, y salieron a ver quiénes querían escucharlos.