jueves, 19 de noviembre de 2015

Jesús sabe si leemos o no la Biblia, dónde la leemos y qué estamos pensando

JUAN 1:49-51
“Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel. Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás. Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre”.
SI LA LEES O NO EL LO SABE
En este pasaje veremos que Jesús es descubierto como profeta, como Mesías y Rey de Israel, y como Hijo de Dios. Ese descubrimiento fue hecho por Natanael o según su patronímico, Bartolomé, cuando el Señor le quitó su prejuicio racial y lo hizo un hombre nuevo y supo que Jesús ¡de Nazaret!, de allí salía algo bueno, más bueno que todos los profetas, incluyendo a dos predecesores Jonás y Nahúm.
Es comprobable que Jesús tenía el oficio de profeta al conocer el futuro, el corazón y las acciones de los hombres (2Re.5:26; 6:12). La mujer de Samaria tuvo esa misma experiencia (4:19,25,29,41,42); y de este modo todos conocían que era el Mesías de Israel. Y así hay otros ejemplos que lo muestran como un genuino profeta, como cuando le descubre a Judas su ir y venir a los fariseos, y cuando miró hacia el mar y vio un pez con una moneda en el estómago, o cuando dijo a los discípulos que le prepararan la pascua y a quién iban a encontrar en el camino, y vio sin estar allí que estaba ya preparado el comedor. Creer que Jesús es un auténtico profeta de Jehová es importante para creer en su palabra, en sus sermones, en sus diálogos, en sus milagros y en toda su historia, es decir, en los evangelios; y eso conlleva a la aceptación de sus interpretaciones de las Escrituras y lo que ellas decían de él.  
Posiblemente el ejercicio espiritual que Natanael estaba practicando era la lectura y meditación de las Escrituras, y por supuesto la oración. También es posible que el texto que estuviera leyendo fuera donde Jacob tiene la visión de una escalera, la cual desde su cabecera se apoyaba en el cielo y por ella subían y bajaban los ángeles (Ge. 28:12,13). Cuando Jesús le dice que algún día se dará cuenta que aquella escalera es él mismo, (suponiendo que el v.51 originalmente no fue dicho al final de la conversación sino al principio) cuando le dijo que lo había visto debajo de la higuera…entonces le dio la interpretación y el joven entendió que había visto el pasaje que estaba leyendo y en el cual meditaba, y eso sólo podría saberlo el Hijo de Dios y el Rey de Israel o Mesías (v.49).
Jesús no le dice “cosas mayores que estas oirás”, no le dijo “cosas mayores oirás”, sino “verás” haciendo alusión al sueño que vio Jacob y las experiencias futuras que vería en la compañía del Señor. Jesús sabe si leemos o no la Biblia, dónde la leemos y qué estamos pensando. Por eso nos ayuda a entenderla de modo que nos arda el corazón.

 Los discípulos nunca tuvieron una repetición de esa visión; ellos ni siquiera vieron los ángeles sirviéndoles en el desierto, ni aquel otro que en el huerto vino para fortalecerlo con su compañía, pero conocieron cosas mayores al verlo convertir el agua en vino, caminar sobre el mar, calmar tempestades, sanar ciegos, cojos, leprosos y resucitar muertos. Revelaciones no oníricas sino vivas y palpables (1Jn. 1:1); la revelación de Uno que es “más que el templo”, “más que Jonás” (Efesios 1:2; 1:20; 2:6; 3:10),  “más que Salomón” (Mt.12:6,41,42); y todos ellos vieron ángeles acompañando providencialmente sus servicios y la puerta del cielo para darles “amplia y generosa entrada” (2Pe. 1:11). Lee entonces la Biblia y pregúntale a Jesús qué quiere decir esto y aquello.