martes, 12 de febrero de 2013

El nuevo pastor a punto de renunciar


Éxodo 5:20-23
“Y les dijeron: Mire el Señor sobre vosotros y os juzgue, pues nos habéis hecho odiosos ante los ojos de Faraón y ante los ojos de sus siervos, poniéndoles una espada en la mano para que nos maten”. 

Literalmente dijo que habían hecho que olieran mal delante de faraón. Moisés aceptó la queja, sabía que era verdad; se había complicado la situación del pueblo y en este momento estaban peores; hizo lo que hace un buen siervo de Dios: orar.

Extendió sus brazos a Dios y le dijo: "Señor ellos tienen razón, no te pido que cambies tus planes sino que hagas algo. Mis primeras gestiones no han sido bendecidas por ti. Sé que me estoy precipitando, pero cumple tu palabra. Hemos hecho lo que dijiste y aún no tenemos éxito". Qué tristeza hay en estas dos palabras “tú tampoco”. Cuando uno espera que Dios cumpla su palabra y no lo hace y tiene que seguir esperando.

Estas palabras tienen el eco de un casi frustrado pastor del Nuevo Testamento, cuando no hace mucho que llegó a su iglesia y esperando que sus reformas y predicaciones comenzaran a ser una bendición, eso no ha ocurrido sino que inconformes protestan y algunos se marchan y un espíritu de crítica y de decepción invade la congregación, entonces el siervo del Señor ora porque otra cosa no puede hacer, además de llorar, y le pregunta al Señor si no se ha equivocado y ha confundido su llamamiento, y si éste es auténtico, qué es eso de permitir que pasen tales cosas y como que se ha ido después de traerlo y lo ha dejado sólo, orando con franqueza, "tú no has hecho nada", y la posibilidad de una renuncia está cerca. Una crisis espiritual que Moisés superó, y como él muchos de nosotros.