domingo, 17 de febrero de 2013

Si predicas expositivamente, eres un profeta


1Corintios 14:1-5
"Procurad alcanzar el amor; pero también desead ardientemente los dones espirituales, sobre todo que profeticéis". 

Desde el mismo comienzo el apóstol revela que la actitud que aquellos hermanos tenían para los que no hablaban en lenguas era la falta amor (vv.1); y se creían mayores (v.5, mejores) que los demás. Un don es mejor que otro, pero no un hermano mejor que otro, son los dones y no las personas los que son mejores. No necesariamente uno es mejor cuando es más útil, cuando sirve mejor y más a los hermanos. Hay hermanos que son útiles y problemáticos. Son mejores como líderes pero no como personas.

La esencia del don de profecía en aquellos tiempos como ahora consistía en revelar mensajes de parte de Dios, no exactamente deslumbrar con el anuncio de eventos futuros, sino mensajes para ese momento, para que lo oculto del corazón de la persona se revelara y se convirtiera a Cristo; por tanto no estaba el mensaje dirigido hacia la región etérea del futuro sino a la profundidad del corazón humano donde se encuentra escondida la actitud íntima de cada cual (vv.24,25). El que profetiza habla misterios para salvación de los no creyentes (v.22). El propósito de la  profecía no era anunciarle paso por paso a una persona como habría de ser el destino y el curso de su vida sino producir un encuentro de ella con Dios, revelarle que Dios está en la iglesia, y que está activo. 

Construido el N. T., la exposición de la Biblia, que es la Palabra de Dios, constituye un resumen, epítome,  y meollo de todo lo que una persona tiene que saber con respecto a Dios, es decir que la profecía actualmente es un ministerio expositivo de la palabra de Señor, con aplicaciones contemporáneas. Os digo esto, según mi corto entendimiento, hermano carismático, con todo el amor de Dios que cabe en mi pequeño corazón. Estudia tu Biblia, mañana y noche y enséñala completa. Así ha hecho por casi medio siglo, el que esto escribe.