viernes, 8 de febrero de 2013

Soy como un grano de arena que Dios conoce


Job 9:16-18
Si yo le invocara, y él me respondiese, aún no creeré que haya escuchado mi voz”. 

Eso mismo yo pienso cuando ruego a Dios. Siendo uno tan pequeño y tan insignificante, y habiendo en el mundo tantos millones y millones de gente importante que ocupa puestos relevantes en la sociedad, ¿cómo es que Dios va a atender la débil oración de una persona como yo? Juzgado por el número de personas que hay en este mundo, el sinnúmero de problemas, ¿cómo es que Dios va contestar las insignificancias de nuestras cuitas y sufrimientos? Sin embargo así es, y eso nos maravilla.

No hay nadie tan pequeño en este mundo que Dios no lo vea mi asunto tan intrascendente y banal que Dios no sepa que existe. Su providencia está informada de las grandes cosas y de los pequeñísimos detalles, de los grandes montes y de los pequeños promontorios, de las grandes rocas y las pequeñas piedras lisas del campo. De los blogs de los famosos y de uno pequeño llamado “mis libros y pergaminos” y lo que en él se escribe. El conoce a los célebres  como a los anónimos y los famosos, los poderosos y los débiles, los ricos y los pobres,  los sanos y  los enfermos, la viuda, el huérfano, el victorioso y el que ha sido derrotado, el que duerme y el que vela.

A veces hablamos a Dios y él nos responde y después nos asombra que lo haya hecho. ¡Es porque no esperábamos la respuesta! La pedimos ardientemente, la suplicamos con el corazón y cuando Dios responde nos quedamos asombrados que nuestra oración haya sido respondida. ¿Habrá sido verdad que me oyó? Dios me ayude a pensar más y más que mis oraciones son bien atendidas y resultan eficaces, que tienen algún poco de fe por cuanto Dios las recibe. ¡Aleluya! ¡Amén! (Ver lo mismo en Sal. 126: 1; Luc. 24:41; Hch. 12: 5; 12-16). Job cree que porque Dios le ha tratado mal nunca le va a responder sus oraciones, y en eso se equivoca completamente (v.17). En resumen, somos como un grano de arena en la playa, y Dios sabe cuál.