domingo, 24 de febrero de 2013

Que a los niños los toque Jesús


Lucas 18:15-17
“Le traían los niños muy pequeños para que los tocara”.

¿Qué querían aquellos padres? Que los bendijera ¿no? Creían que si Jesús tocaba sus pequeños cuerpos, estos sanarían de cualquier enfermedad, o que pudieran tener, y más allá de eso, porque no estaban aún enfermos, se hallaba el futuro de todos ellos. Aquel toque no los graduaba en la universidad, con eso no les garantizaba empleo de por vida, no sustituía la enseñanza cristiana de ellos y la supervisión religiosa de sus padres, sino simplemente que de ese santo toque emanara bendiciones para toda la vida, que caminaran derecho por el mundo, que todo lo que ellos tocaran transmitiera la bendición que habían recibido, que primero que todo sus cuerpos fueran templos del Espíritu Santo y que lo pusieran como servidumbre de la palabra de Dios.

Aquellos padres pensaron en el futuro de sus hijos en relación con Jesús. Y los discípulos se equivocaban si pensaban que aún era muy temprano para pensar a tanta distancia en relación con el Señor y ellos. O podrían pensar  que interrumpían el culto, que no tenían ningún valor porque pudieran sucumbir antes que fueran útiles a la iglesia. Quizás aquellos niños no fueran pequeños podrían tener algún  infantil interés en lo que oían, o al menos, no cesarían de mirar y escuchar la voz y la figura del Señor que hablaba. Y Aquel Señor pidió que todos se quedaran allí, siguió hablando como podía, y entre cada palabra ponía una mano para tocarlos a todos, desde el primero hasta el último, y así se fueron gozosos, los pequeños rapaces, y sus interesados padres al llevarse de Jesús  una perenne bendición.