viernes, 15 de febrero de 2013

Menos que transustanciación y más que un recuerdo


1Corintios 11:20-33
“Este es mi cuerpo que por vosotros es partido. Si alguno la comiere sin discernir el cuerpo del Señor. Por tanto, cuando os reunís, esto ya no es comer la cena del Señor”. 

Aquellos hermanos habían corrompido la sagrada institución de la santa cena, mezclándola con comidas fraternales. Pasaban de una comida a la cena, fraternalmente, alegremente o ebrios; y eso era tomarla "indignamente" y sin "discernir el cuerpo del Señor" sin separar y valorar el significado de su muerte. Se comían el pan y se bebían el vino del mismo modo que los alimentos anteriores perdiendo para ellos todo significado espiritual. A eso se debe que el apóstol enfatiza la palabras del Señor "este es mi cuerpo" "esta es mi sangre" haciendo santa, sagrada y solemne la cena, no un mero acto de comer y beber alimento. 

La transubstanciación es ir más allá del significado del Señor y la intención de Pablo: La cena y su provecho espiritual. Y el hecho de ver en ella sólo un memorial podría convertir el acto en una fría rutina. Algo espiritual, por supuesto, según Pablo, tienen que contener ambas cosas que no es superstición sino fe, y exige respeto, reverencia y autoexamen. La reprensión que Pablo usa no tendría sentido si las dos sustancias no contuvieran, como nuestro mismo cuerpo es templo del Espíritu Santo, la presencia de la Tercera Persona, o sea el Espíritu de Cristo. Es edificante que los símbolos de la sustancia celestial traigan al culto un poco del sentir de allá arriba. Como un vigoroso y equilibrado punto medio entre transustanciación y memorial. Menos que los católicos, y un poco más, que muchos bautistas.