jueves, 21 de febrero de 2013

Triple pacto, con los ojos, con la esposa y con Dios

Job 31:1-3
Hice pacto con mis ojos; ¿cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?  Porque ¿qué galardón me daría de arriba Dios, y qué heredad el Omnipotente desde las alturas?”. 

Cuando dice que hizo pacto con sus ojos, contiene la idea de cortar en trozos una víctima en sacrificio. O sea, que es un compromiso solemne hecho delante de Dios. Hiciste bien, hermano, siendo un hombre de edad avanzada, ya encanecido, no se hubiera visto con buenos ojos, los de otros no los tuyos, que anduvieses con una señorita de menos años que tú. Se reirían de tal pareja. 

Hiciste bien en no traicionar a tu adulta compañera con una mujer joven aunque tu mujer te hubiera maldecido y abandonado. Una mujer joven no es un buen reemplazo porque con su edad y con sus encantos no alcanzaría para serte una ayuda idónea en tu trabajo. Siendo tú un hombre ahora enfermo y arruinado económicamente una joven no sería capaz de asumir tanta responsabilidad, y siendo tú un varón de Dios ¿cómo habrías de cometer un pecado como ese aunque abunde entre la gente adulta? Hiciste bien en hacer pacto con tus ojos y prometerles a ellos que no los llenarías de adulterio (2Pe.2:14); por eso dice,  
 ¿No ve él mis caminos, y cuenta todos mis pasos?” (v.4). 

Además, has hecho un pacto con tu esposa cuando te casaste, y ante Dios y con Dios de serle fiel, ¿no lo recuerdas? (Mal. 2:14). Ella no puede tener los mismos encantos femeninos que una joven, pero los tuvo, y te los dio a ti. Ahora lee en el papel de tu historia tu acta matrimonial y el triple pacto que hiciste en tu matrimonio aquella bella noche de bodas.