viernes, 27 de julio de 2012

Pregúntale a Pablo qué opina sobre Santiago y Apocalipsis



Gálatas 1:13-24
“13 Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba; 14 y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres. 15 Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, 16 revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre,17 ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco.18 Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días; 19 pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo el hermano del Señor.20 En esto que os escribo, he aquí delante de Dios que no miento. 21 Después fui a las regiones de Siria y de Cilicia, 22 y no era conocido de vista a las iglesias de Judea, que eran en Cristo; 23 solamente oían decir: Aquel que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en otro tiempo asolaba. 24 Y glorificaban a Dios en mí”.


Fíjese que les dice quién era y cómo vino a ser cristiano y predicador. Siento pena por el apóstol que tenga que hacer este recuento de su vida para defender las doctrinas que enseña. Les recuerda cómo fue su conducta en otro tiempo y que se distinguía por su celo equivocado de modo que dedicaba todas sus fuerzas a destruir la incipiente organización, que después él mismo llamó la iglesia de Dios (v. 13), “cuán desmedidamente perseguía yo a la iglesia de Dios y trataba de destruirla. Es como si les dijera: "Yo no aprendí en el judaísmo sino lo opuesto al cristianismo. Allí no pude sacar mi evangelio. ¿No ven que los que han aprendido en la sinagoga nunca aprendieron sino a menospreciar el evangelio y a combatirlo?".

Como para corroborar su testimonio, si todavía tenían alguna duda, podrían escribir a las iglesias que se encontraban en las “regiones de Siria” y de “Cilicia”, a las “iglesias de Judea”, porque hasta todos esos confines llegó el impacto de su conversión y de su ahora ministerio apostólico; y todas “glorificaban a Dios” por él (vv. 21-24). Que de todos modos no estaba mal que algunos quisieran estar seguros que su visión y llamamiento eran ciertos porque esas experiencias hay que someterlas a algún tipo de comprobación antes de que sean aceptadas.

Así que en su fondo histórico no existen trazas de cultura cristiana pero con todo, la misericordiosa gracia de Dios fue con él y le reveló a su Hijo Cristo salvándolo. De eso da testimonio en otro lugar (1 Ti. 1: 13, 14). Aunque su conversión aquí es importante porque es su salida del judaísmo, es el fondo donde se encuentra su llamamiento a ser predicador de Cristo. Pablo fue escogido por Dios para salvación y para ser apóstol. Lo más importante de todo eso es asegurarles que su apostolado es independiente de los otros doce, aunque no en doctrina porque Pedro con quien se entrevistó le dio su aprobación.

Presenta su experiencia como un caso de sola gracia, sola fe y sola revelación y la explicación que da no son sus méritos sino su elección. Fue escogido por Dios desde el “vientre de su madre” (v. 15), lo cual es lo mismo que dice en otro lugar que “desde antes de la fundación del mundo” (Efe. 1: 4), y llamado por su gracia, porque le agradó revelar a su Hijo en él (v. 16).  Sin embargo, quiere decirles que su evangelio no es distinto al de los otros apóstoles, pero sí menos judaico y sin filosofías humanas (Hch. 17: 18; Col. 2: 8; 1 Ti. 6: 20). Es el evangelio de la sola gracia y la sola fe en la persona de Cristo y no en ceremonias. Eso quiere decir que mientras más judaísmo contenga una denominación religiosa menos evangélica es. Nunca hallas a Pablo discutiendo filosóficamente nada, sino por la soberanía de Dios. Para él todo es revelado por Cristo  y gira dentro de un marco religioso judío (Flp. 3: 15); y cuando adopta alguna ceremonia judía aclara que “a todos me hago todo para ganar algunos” (1 Co. 9:22). Con el color de la tinta de esa experiencia escribe casi todo el Nuevo Testamento, sugiriendo que si el Espíritu conservó esas trece epístolas, el estudiante que hace exégesis debiera acomodar los pensamientos de los otros autores al suyo; como él dice a “mi evangelio” (Ro. 16:25; 2 Ti. 2: 8).

De todo lo dicho podemos formar una regla didáctica para estudiar la Biblia, preguntarle a Pablo cómo explicaría tal y tal pasaje. Nunca dijo que los apóstoles del Señor sabían menos que él pero sí dijo que no sabían más (2: 9). Los judíos notaban que era mucho menos ceremonial que ellos, y que llegaba a las buenas obras cristianas no a través de las ceremonias o de la ley sino de la gracia de Cristo, y que no eran obras ceremoniales o ritos sino buenas acciones humanas. La única entrevista que tuvo con los apóstoles en Jerusalén fue después de tres años de convertido (Hch. 9:26,27), “ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo” (vv. 17-20) y fue una visita de compañerismo y para explicar sus doctrinas, porque quería conocerlos, y ellos cuando lo oyeron creyeron su conversión y que ahora era parte de la iglesia, también le aprobaron su evangelio; no le hallaron defecto y lo respaldaron. Al único apóstol que vio allí fue a Pedro (la palabra “vio” es ἱστορειν y significa relacionarse, aprender quién era Pedro. Es la misma de la cual viene la palabra “historia”. , y éste en su epístola da testimonio de que Pablo escribía cosas profundas (2 Pe. 3: 16).

Ananías fue enviado a Saulo para que recobrara la vista no para que le enseñara el evangelio. Así que si fuéramos a escoger a un Papa que oriente a la cristiandad en la verdad del evangelio, escogeríamos a Pablo antes que a Pedro. Fue a Jerusalén porque tenía deseos de estar unos días con ellos, para orar y compartir sus experiencias, lo que bien debiéramos hacer los pastores que trabajamos tan separada e independientemente. Se puede hacer esta afirmación, el paulinismo es el evangelio de Cristo. No digo que el resto de los autores del NT sean menos inspirados que las cartas paulinas o que ellos tengan “otro evangelio”; pero si hay una regla que se tiene que seguir en toda exégesis bíblica es utilizar los escritos de Pablo como regla para interpretar los otros, principalmente: Los evangelios, Santiago y Apocalipsis.