lunes, 17 de diciembre de 2012

Las iglesias y el lujo de la televisión y la radio


Juan 7:1-5
Porque nadie hace nada en secreto cuando procura ser conocido en público. Si haces estas cosas, muéstrate al mundo”.

Es una invitación para aprovechar la oportunidad de la fiesta y hacerle publicidad a sus obras, para que use los llamados medias. Jesús les dijo que no. ¿No es eso una renuncia a uno de los mejores medios de difusión del evangelio? Las grandes obras se hacen y no hay que publicarlas inmediatamente, no se hacen para publicarlas sino porque Dios quiere que se hagan y el tiempo para darlas a  conocer lo determina él.

¿No mostramos hoy un exceso de confianza y dependencia de los medios de difusión y se suele hacer el evangelismo del mismo modo que se anuncia y publica un nuevo producto en el mercado? No quiere decir que renunciemos al uso de los medias sino que la efectividad espiritual de la obra de Cristo depende del Espíritu Santo y no de los medios de comunicación empleados. Se pueden gastar cientos de miles de dólares en la difusión del evangelio y todo resultar casi en vano. El testimonio personal es más barato y rinde más. 

Se dicen muchas sandeces, más bien se gritan en televisión, que no son el evangelio, ni se les parece. Mejor se quedaran callados en sus casas y con ese dinerito comprar Biblias o dar de comer a los pobres. En la mayoría de los casos el dinero que la iglesia gasta en radio y televisión en su mayoría, con un par de excepciones, sirve mucho para la popularidad del predicador, dar cierta ayuda a las iglesias que son las que los ven y escuchan, y poco para salvar al mundo. Debieran pensarlo dos veces antes de darse el lujo de la radio y la televisión. Lo único que les importaba a los incrédulos hermanos de Jesús era que se hiciera popular.