miércoles, 19 de diciembre de 2012

Jesucristo no odiaba los libros


Juan 7: 15
Entonces los judíos se maravillaban, diciendo: ¿Cómo puede éste saber de letras sin haber estudiado?”.  

No querían decir que era un analfabeto como lo fue Mahoma. Jesús sabía escribir y escribió  (8: 6; Luc. 4: 17-20) y dominaba perfectamente el contenido de los libros, especialmente toda la Escritura judía (Luc. 24: 27). Lo que quieren decir es que no ha pasado por ninguna escuela rabínica, que no está  titulado. Desde niño Jesús cultivó su intelecto y hacía preguntas de adultos (Luc. 2:46). Y eso que era la Palabra, el Verbo de Dios, y lo que aprendió lo aprendió del Padre. Es inútil tratar de hallar en Jesús un heredero de la cultura de su época y en el evangelio todos los componentes del pensamiento de su tiempo. Lo sorprendente de Jesús no son sus doctrinas admirablemente nuevas sino su Persona y la relación que ella tenía con la Escritura. No hablaba como un analfabeto (vv. 45-49), hablaba con autoridad. Lo reconocían como un gran orador por su estilo parabólico, la profundidad  y sencillez de sus discursos y la belleza de sus imágenes. Con una soberbia imaginación.

No obstante, los evangelistas no se preocupan de presentarlo como un hombre intelectual porque estaban satisfechos con su palpable poder.  Pero su sabiduría era indisputable (Mt. 13: 54). Le llamaban rabí porque era el Maestro. Los discípulos que eran hombres sin letras y del vulgo eran reconocidos que andaban con él (Hch. 4: 13), lo que quiere decir que los elevó intelectualmente. Por algo en este siglo XXI, la sociedad intelectual asocia más el cristianismo con Pablo de Tarso que con los otros apóstoles. Lo que es cierto en Jesús, en nosotros no.

Si un predicador no ha estudiado no tiene letras tampoco. El conocimiento no le llega por ósmosis sino por libros y escuelas. ¿No sabes que Pablo era un asiduo lector, y por eso pide que le devuelvan sus libros? No porque Carpo pensara quedarse con ellos; no tenía esa mala costumbre, sino porque no quería pasar una sola noche sin leerlos (2 Ti. 4: 13). Ignorancia no es sinónimo de espiritualidad. Y eso que viajó al tercer cielo, pero estudiaba y leía libros. Los raptos espirituales no sustituyeron sus libros. Excepto Jesús, nadie puede ser un hombre de letras, y que valga la pena ser oído,  odiando los libros.