miércoles, 26 de diciembre de 2012

Jesús les enseña que el libre albedrio está corrupto


Juan 6: 66-68
 Entonces Jesús dijo a los doce: ¿Acaso queréis vosotros iros también?”.

Me impresionas Señor; tu función no fue agrupar gente; sino cuando tantos te dejaron te hubieran visto descorazonado, pero no le tuviste miedo a la impopularidad, ni aquellos hombres eran usados para tu beneficio; se quisieron ir y los dejaste ir, no fuiste tras ellos para que volvieran, no les rogaste que se quedaran ni le pediste disculpas por las palabras que los hicieron huir porque estaban contigo pero no creían en ti (vv.64,65), y no podían venir a recibir espíritu y vida por sí mismos sino como una merced de tu Padre.

De un solo golpe los cortaste porque de sus propias voluntades se habían unido al grupo y estaban sin espíritu y sin vida (v. 63); y quisiste que tuvieran una teología más gloriosa que esa. Estaban allí, y  formaban una inmensa multitud, una gran iglesia, pero en su mayoría por otras palabras que se hablaran pero no las tuyas, por cosas secundarias que recibían de ti, salud, comida y popularidad pero no por la vida eterna. Y les dijiste a los pocos que quedaron que si lo querían podían irse ellos también, para que se contestaran a sí mismos la razón que tenían para seguir contigo, que no era de aquellas, y respondieron que se quedaban solamente por la vida eterna que tenían tus palabras, y porque te amaban con todo el corazón.

Te hicieron una pregunta que no les contestaste, que a quién otro podrían acudir; aunque no les recomendaste a alguien igual o mejor que tú, porque no lo había, ya que eras más que Jonás y que el enorme templo (Mt. 12: 6, 41, 42); les habías enseñado que tenías vida en abundancia, que eras la resurrección y la vida; y años después llegaron a una conclusión mayor, que tú mismo eras la vida eterna (1 Jn. 5: 20), que tus palabras eras tú mismo y que recibiendo esas palabras se recibía la vida eterna; que el manantial de la vida eras tú,  el Verbo de Dios, y que todas las otras fuentes eran meros engaños vacíos. Oh Jesús como les dijiste que el libre albedrío estaba enfermo y corrupto y no era suficiente para elegirte a ti, se espantaron y dejaron tu grupo y abandonaron tu teología, tu soteriología que la salvación es totalmente por gracia desde una punta a otra, y se fueron donde hubiera otra más flexible y de origen humano, o enseñada por Moisés que les dijera "haz esto y vivirás",  y que el hombre tiene aptitudes y potencias internas para creer en tus palabras, o en otras palabras, que todo hombre nace arminiano.