lunes, 24 de diciembre de 2012

María no se puso eufórica ni empezó a aplaudir


Lucas 2:8-20
8 Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. 9 Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. 10 Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: 11 que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. 12 Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. 13 Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: 14 ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! 15 Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado. 16 Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17 Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño. 18 Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían.19 Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. 20 Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho.


El Señor al escoger como testigos de sus visiones a pobres campesinos, corría el riesgo que lo que contaran fuera tenido por la crítica social como ilusiones y crédulas supersticiones. Aun María que había recibido experiencias tan divinas, al escuchar a los pastores se quedaba callada y pensativa, sin desmentirlos pero rumiando en su intelecto esas historias. Y José que no dudaba de la procedencia divina del Niño, mientras su mujer pensaba él parece borrado del relato. Estos son los protagonistas y pioneros de la primera Navidad, judíos nada  notables que reciben a semejantes visitantes y escuchan voces y músicas venidas del cielo.

En verano estos hombres apacientan el ganado al aire libre y en invierno, a finales de noviembre y diciembre, los mantienen encerrados. El veinticinco de diciembre todavía no había llegado. Estos pastores tuvieron una experiencia que no se les olvidaría jamás. De repente todo el campo queda claro, sin luna, porque un ser celestial irradiando gloria los alumbra y se quedan atónitos, y antes que se desmayen por el susto el ángel los calma y les dice que no teman por sus vidas sino que se llenen de felicidad y se lo cuenten a los demás, que en Belén acaban de dar a luz al Mesías y en el establo del mesón lo han puesto en un pesebre. Todavía se halla allí y pueden ir a verlo antes que el censo se acabe. Y cuando ya están pensando echarse a correr se detienen y toman asiento en la hierba para oír un himno navideño cuyo estribillo pudieron repetirlo sin recordar la música, "¡gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz buena voluntad para con los hombres!" (v. 14).

De nuevo a oscuras y como hechizados por lo visto, el más viejo le pide al más joven que se quede él defendiendo las ovejas contra lobos y osos que el resto quiere ver al Niño y a los padres antes que se lo lleven. Y en unos minutos ya están frente al mesón y buscando entre asnos y ovejas el pesebre donde pusieron a un niño recién nacido.

En menos de cinco minutos ya José y María habían escuchado a los pastores decirles lo que les pasó en el campo, y contrario a como los que investigan supuestas falsedades en la historia pudieran pensar, María no se puso eufórica ni empezó a decir aleluya y amén o a aplaudir, antes bien se quedó pensativa y mirando a José, que siguió callado y nadie sabía lo que pensaba. No era ella proclive a creer todo sino a reflexionarlo. La joven se sentó extrañada, y sin hacer comentarios se quedó reflexionando en lo que se les había dicho, y acumulaba dentro de su corazón como porciones de la Escritura, su historia y la de su Hijo (v. 19). Y es ella por haber sobrevivido a su esposo, la que cuenta detalles íntimos de su embarazo y matrimonio (Mt. 1:25),  e instruye a las mujeres de la iglesia sobre estas cosas que todos estimaron que eran ciertísimas (Hch. 1:14). Y sin dejar afuera algún detalle navideño, todos los relatos fueron examinados como cuentos o hechos, pasando por el tamiz de la inteligencia de María, y después que su mesurado criterio las aprobó, les dio crédito. Un buen ejemplo para no creer sin examen, todas las visiones y sueños que nos cuenten y para vivir un cristianismo, una adoración, no solo emocional sino perspicazmente reflexiva, como la madre del Señor, inteligente y pensadora.

Los pastores después de decirles a los padres lo que les había pasado, miraron por última vez al Niño y se marcharon, conversando entre ellos y sonriéndoles a todos los que saludaban, contentos y alabando a Dios en las calles que iban del pueblo al campo (v. 20). Unos días después cuando ya María podía andar mejor y subirse a un asno, y el mesón se iba desocupando y la gente censada se marchaba, José y ella hicieron lo mismo, y después de presentar al Niño al Señor en el templo (40 días, Lev. 12:1-6), emprendieron el regreso de los ciento cuarenta kilómetros entre Belén y Nazaret, y la madre miraba a su Hijo en brazos y lo iba colmando de besos. Y José, ya sanado de sus dudas, repetía en arameo lo que los pastores dijeron haber escuchado a una multitud de ángeles, y como fue tan hermoso aquello, los latinos lo aprendieron así, gloria in excelsis Deo, y después los castellanos, ¡gloria a Dios en la alturas!