domingo, 9 de diciembre de 2012

Declaración contra el matrimonio de personas del mismo sexo

 (Este documento lleva muchos años en mi computadora (ordenador) y no sé si lo escribí o lo archivé de otro que merezca el reconocimiento. Con esa aclaración lo doy a conocer por su pertinencia, incitado por la reciente aprobación de la legalización de los matrimonios del mismo sexo en el estado de Maryland, 2012). Se trata de algunas de las bases bíblicas para formular una declaración que rechace el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Esto es principalmente un enfoque paulino, es decir cristiano, sobre la homosexualidad; sin prejuicios ni desprecios, sino como un eco de la voz de la Sagrada Escritura (la Biblia) sobre el asunto; básicamente extraído dentro del espíritu del cristianismo y de la pluma de su principal intérprete y representante, el apóstol Pablo. El tema de la homosexualidad matrimonial, según el autor bíblico, se presenta de un modo cortante en blanco y negro, como un pecado dentro de lo que significa transgresión de la ley de Dios, y esta declaración no tiene el ánimo de herir, insultar y ofender a quienes piensen distinto. Sino sólo eso y no más: es una declaración.

La Biblia no menciona nunca “el matrimonio” entre personas del mismo sexo porque eso es  un oxímoron, una contradicción impensable. De lo que hay abundante referencia es sobre la homosexualidad y su práctica. Pablo menciona la homosexualidad desde un punto de vista teológico, soteriológico y ético.

El principal pasaje está en Romanos 1:24-28.

Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia,  en las concupiscencias de sus corazones,  de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira,  honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador,  el cual es bendito por los siglos.  Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas;  pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres,  dejando el uso natural de la mujer,  se encendieron en su lascivia unos con otros,  cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres,  y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios,  Dios los entregó a una mente reprobada,  para hacer cosas que no conviene.

No hay un solitario caso en toda la Biblia donde Dios, en la Ley, los profetas o lo salmos, se apruebe, se tolere y menos se le de aprobación a la unión homosexual. Todo lo contrario, se le expone como una degeneración contra el cuerpo, contra la sociedad y contra Dios.

I.             Tres modos de definir la unión homosexual.

1.    Se define teológicamente: La unión homosexual es definida opuestamente a la santidad de Dios.
2.    Se define éticamente como inmundicia espiritual y mental.
3.    Se define socialmente como una deshonra para el cuerpo, que fue creado para el Señor.

II.           Cuatro definiciones expuestas para tomar una declaración:

1.    El apóstol Pablo, el mayor exponente de la gracia y misericordia cristiana, es su principal crítico y juez, afirmando que se trata de una deshonra del cuerpo humano, y por ende de la salud física, la salud doméstica y social y por contingencia una devaluación de la moral humana; es como lo plantea, una degradación del ser humano (Romanos 1:24-25).
2.    Además la homosexualidad conforme a la teología y la ética paulina, revelada por Cristo por medio del Espíritu Santo, es una infamia, una indignidad y una desgracia (es lo que significa la palabra en Romanos 1:26); y pone debajo de todo ello los rectos deseos y las pasiones normales del varón y la hembra.
3.    En el mismo lugar dice que esa relación no es natural, y la palabra que usa quiere decir “físico, instintos”, o sea que no puede reportar verdadero y saludable placer y por ende felicidad; y como consecuencia está condenado al fracaso, y como deja de ser, no está basada en verdadero amor sino en un problema síquico y espiritual (que es la palabra que utiliza Pablo).   
4.    Y sigue adelante afirmando que ese tipo de relación incendia infamemente el sexo, hace que el dúo excite acaloradamente pasiones del orden ético reprobable (Romanos 1:27).
5.    Y conforme a una definición soteriológica es presentada dentro del contexto de la justificación por medio de la fe, el llamamiento de Dios a ser conforme a la imagen de su Hijo,  de la inconformidad con este mundo, y de la transformación mediante la renovación del entendimiento.

III.          El fin de una declaración opuesta al matrimonio de personas del mismo género es el amor y la salvación de los mismos, por encima de un intento de proselitismo moral.

La iglesia de corintios contaba dentro de sus miembros a ex  practicantes del homosexualismo:

¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios?  No erréis;  ni los fornicarios,  ni los idólatras,  ni los adúlteros,  ni los afeminados,  ni los que se echan con varones, ni los ladrones,  ni los avaros,  ni los borrachos,  ni los maldicientes,  ni los estafadores,  heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos;  mas ya habéis sido lavados,  ya habéis sido santificados,  ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús,  y por el Espíritu de nuestro Dios (1Corintios 6:9-11; 1Timoteo 1:10).

1.    La práctica de la homosexualidad excluye del reino de los cielos.
2.    Pensar que se puede practicar la homosexualidad y ser cristiano es un error.
3.    La homosexualidad no se distingue como un pecado imperdonable.
4.    La práctica de la homosexualidad no es una obligación congénita, como no lo es la adicción a maldecir, al alcohol, acumular dinero y el adulterio.
5.    Los practicantes de la homosexualidad pueden ser lavados, santificados y justificados.
6.    La iglesia de Corinto no aceptó entre su membresía a ningún homosexual antes de ser lavado y santificado.
7.    La esperanza de cambio de los homosexuales se halla en la predicación de la ley de Dios, del evangelio y del Espíritu Santo, no en la consulta a adivinos, sicólogos o filósofos.
La misma mano que escribió sobre la homosexualidad escribió la bella oda al amor en 1Corintios 13; por lo tanto una declaración en contra del reconocimiento de la unión de dos personas del mismo sexo no es una declaración sin amor y sin esperanza.

I.             El matrimonio entre homosexuales es contrario al postulado creacionista bíblico.
Génesis 1.26-28:

Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen,  conforme a nuestra semejanza;  y señoree en los peces del mar,  en las aves de los cielos,  en las bestias,  en toda la tierra,  y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen,  a imagen de Dios lo creó;  varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios,  y les dijo: Fructificad y multiplicaos;  llenad la tierra,  y sojuzgadla,  y señoread en los peces del mar,  en las aves de los cielos,  y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

1.    Dios hizo dos sexos, no tres ni uno intermedio.
2.    El matrimonio es definido como la unión entre un hombre y una mujer.
3.    Esa unión es la única que tiene la bendición de Dios.
4.    La unión heterosexual es la única que cumple el propósito de la multiplicación de la raza.
5.    El único que define a la familia. No se puede decir que “lo que Dios lo juntó, no lo separe el hombre” si ambos tienen el mismo sexo (Mr.10:9).

II.           El matrimonio homosexual no representa la unión de Cristo con su iglesia

Efesios 5:22-27

Las casadas estén sujetas a sus propios maridos,  como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer,  así como Cristo es cabeza de la iglesia,  la cual es su cuerpo,  y él es su Salvador. Así que,  como la iglesia está sujeta a Cristo,  así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos,  amad a vuestras mujeres,  así como Cristo amó a la iglesia,  y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla,  habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo,  una iglesia gloriosa,  que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante,  sino que fuese santa y sin mancha.

1.    La organización del matrimonio heterosexual es imposible si los dos son del mismo género.
2.    Es imposible comparar la santidad del amor de Cristo por su iglesia con la de dos del mismo sexo. La unión homosexual no es santa.
3.    Sólo la unión de un hombre y una mujer representa a Cristo y la iglesia.

Es una exégesis ilógica, o mejor dicho eixégesis, querer justificar la unión de dos personas del mismo sexo como no pecaminosa cuando otros pecados menores ofenden a Dios (Mt. 5:28; He. 13:4; Ro. 9:10). Si el matrimonio, yendo “al principio” es una unión monogámica, ¿cómo se puede definir definiéndolo con dos sexos iguales y no distintos? Por lo tanto, según la Biblia la unión de dos personas del mismo sexo no puede ser definida como un matrimonio.


III.          El rompimiento de la unión homosexual no representa bíblicamente un divorcio por cuanto no se puede decir “lo que Dios juntó no lo separe el hombre” (Mateo 19:8).

IV.          El matrimonio homosexual plantea una nueva definición ética.  El matrimonio, según los orígenes de los cielos y la tierra, conlleva una definición ética y teológica.

1.    No sólo social, sexual o corporal. El hombre y la mujer son un producto teológico. Y son igualmente un resultado de la ética divina. Llevan la imagen de Dios.
2.    El homosexualismo pretende redefinir la cosmología bíblica, especialmente la cristiana. Es el resultado de una nueva cosmología.
3.    La justificación de la unión homosexual es el resultado de un oscurecimiento y degradación de la santidad de Dios. Para justificar la unión homosexual hay que re-definir a Dios y cambiarlo, con otra naturaleza y otro carácter, y del mismo modo, con otro evangelio y con otra Biblia. Es más el triunfo de la secularización, de la evolución, del agnosticismo, de los medios de difusión masiva, de mucho dinero, que de una comprensión de la santidad de Dios.  
4.    La aceptación de la unión homosexual equivaldría a una devaluación del concepto de pecado o su desaparición.

Conclusión: Santificar y bendecir la unión homosexual es, como dijo el profeta, llamar “a lo malo bueno y a lo bueno malo” (Isaías 5:20).