martes, 21 de octubre de 2014

Mientras más creamos menos pecamos

Gálatas 5:13-25
“Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; sólo que no uséis la libertad como pretexto para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros”. 

En vez de usar la ley para la salvación debieran usarla para relacionarse con el prójimo; donde la ley tiene un uso ceremonial el pueblo tiende a descuidarla en su trato con el prójimo; las palabras del apóstol, uno sospecha, indican la falta de la aplicación personal de la ley en la vida de ellos. Señor, bendícenos para ser humanos y amarnos unos a otros; dale gracia a tu iglesia para que nos llevemos bien y perdona nuestra hipocresía cuando atendiendo a “la forma de la verdad” perdemos el sentido humanitario de la misma y con hipocresía damos más importancia al culto afirmando: “esto es corbán”, que a nuestro prójimo.

Si sigues leyendo verás que la ley jamás puede convertir un grupo en iglesia cristiana, ni puede, obviamente, lograr una estatura espiritual y moral en el creyente que refleje genuinamente lo que es el cristianismo y que satisfaga a Dios. El Espíritu Santo, amado, es mucho más necesario en la iglesia que lo que algunos parecen entender. Insisten en leyes, ceremonias, decretos, o le dan otros usos al Espíritu Santo que no es el principal: la formación de la iglesia cristiana. Ya no se trata de comparar la ley con la gracia sino el Espíritu con la carne; una vida dominada por las pasiones humanas y otra dirigida hacia el cielo por el Espíritu de Dios. Pablo les deja que comparen estas dos clases de vidas para que prefieran la mejor. El Espíritu es clave en el pasaje; si está ausente un tiempo todo se desencadena en pasiones y si está presente la vida se vuelve un huerto de Dios. Pero el Espíritu mantiene su imperio en el corazón por encima de contiendas internas. Algunos creen que si no se insiste en las obras mosaicas como un medio de salvación, si se ponen en segundo lugar las restricciones, expondremos a la iglesia a todo tipo de pecados. Pero ese no es el caso, es falso; la carne de donde salen todas nuestras calamidades, no se controla con ordenanzas sino por la fe. Mientras más creamos menos pecamos. En vez de recordar a los hermanos lo que no deben hacer es mejor ir edificándolos en la fe, hablarles sobre la comunión con el Espíritu. La ley les produce culpa. Las iglesias donde se predica sólo la ley y donde no se habla de la satisfacción legal de la muerte del Señor Jesucristo son iglesias donde los hermanos sufren de culpas, psicológicas, pero culpas al fin.