jueves, 2 de octubre de 2014

El pastor es menos famoso pero no menos útil

Hechos 18:27

“Cuando él quiso pasar a Acaya, los hermanos lo animaron, y escribieron a los discípulos que lo recibieran; y cuando llegó, ayudó mucho a los que por la gracia habían creído”. 

Aunque mayormente el ministerio de Apolos era pastoral, también hacía obra de evangelista. No sólo se dedicaba a educar a las iglesias, “regar” (1Co.3:6), sino también a salvar almas (3:8); algunos en Corinto eran “de Apolos” porque habían conocido al Señor por medio de él o habían sido tan bien edificados con su ministerio que lo preferían a él a quien fue el medio para conocer al Señor. Mi asunto es éste. Si Dios te da el ministerio de ser de gran provecho a los que por la gracia han creído, si entras a las labores de otro, si edificas sobre fundamento ajeno, no pienses que eres menos por eso y que tu vocación es inferior a la de aquellos que son evangelistas y ganadores de almas. Si mucho tenemos que agradecer al que ha sido nuestro ayo para llevarnos a Cristo, no menos al que nos ha edificado con oro, plata, piedras preciosas y madera labrada, a quien le debemos la belleza de nuestra salvación y de nuestra vida cristiana. No eres menos por edificar a los santos. 

De todos modos, para que te sientas bien, compara tu ministerio pastoral y de maestro de los gentiles con aquellos que son buenos evangelistas, como Felipe, y ganan muchas almas para Cristo. A mí me parece que si poner el fundamento es difícil, lleva mucho más trabajo edificar encima, que sembrar la semilla es mucho más fácil que regarla, cuidarla, podarla, curarla hasta que produzca sus frutos y luego que no se muera. La labor pastoral es muy dura, tanto como la de un evangelista que abre una nueva obra, o que predica en una campaña multitudinaria. Es menos famoso pero no menos útil.  La labor pastoral es dura, ingrata y sufrida. Cuidar a los santos es un trabajo delicado y de mucha responsabilidad porque son el tesoro de Dios. Estar día a día trabajando, orando, exhortando, subiendo y bajando con la congregación, llorando, riendo, yendo hacia delante y hacia atrás, enfermándose con ellos, resolviendo sus dudas, siendo paciente con sus debilidades y desconocimientos, curar sus heridas, llorar sus apostasías, sufrir sus desplantes, abusos, brusquedades y malos juicios, y recibir un salario magro, es una tarea para la cual nadie por sí mismo es suficiente. Apolos no sólo era pastor sino también evangelista apologista porque por medio de la Escritura refutaba a los perversos judíos y los convencía de que era el Cristo y esto ya era evangelización. Las disputas terminaban con nuevos miembros agregados a la iglesia. Un pastor, evangelista y apologista, no es extraño que tuviera muchos seguidores y fuera tan admirado y querido por los cristianos de todas las iglesias.