sábado, 25 de octubre de 2014

Unos ganan almas y otros las edifican

Filipenses 2:16

"...sosteniendo firmemente la palabra de vida, a fin de que yo tenga motivo para gloriarme en el día de Cristo, ya que no habré corrido en vano ni habré trabajado en vano". 

Amado ministro, tú que gimes por tu ministerio, que no has podido ganar todas aquellas almas que hubieras querido, que juzgas  severamente tu ministerio y te sientes inútil y poco bendecido; ¿no sabes que hay recompensa para los que edifican las almas que otros han ganado? Si lees 1 Co 3:8, verás que el apóstol dice: "Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor". Si te fijas en el contexto de las palabras que se escriben a los filipenses verás que espera no haber trabajado en vano con ellos si siguen fieles en la vida cristiana, si no descuidan la salvación. La vida cristiana de los hermanos, quienquiera que haya sido el que los ganó, si tú participas en ella y continúas la salvación que otro comenzó, recibirás alabanza del Señor. Dios pone a unos como a Apolos para que sean "de gran provecho a los que por la gracia habían creído" (Hch.18:27,28) y a otros para que planten, "no sobre fundamento ajeno" y ganen almas (Ro.15:20). ¿No hizo el mismo Señor a unos pastores, a otros maestros, a otros evangelistas? Si Dios te ha llamado para que edifiques muchas vidas, para que continúes el trabajo que su Espíritu comenzó por medio de otro hermano, no te lamentes ni lo tengas de poca importancia. Si Dios te llamó para esa clase de servicio y te glorías en el número de conversiones y no en el trabajo interno del Espíritu, siempre te sentirás mal. Tanta gratitud debe sentir un alma por el que la ha salvado como por el que la ha edificado en la salvación y le ha ayudado a tener una vida cristiana hermosa y fiel. Ante los ojos de Dios no vale más uno que otro, no es mejor ministro uno que el otro, todos "son una misma cosa", siervos del Señor Jesucristo. 

Oh, mi Dios, perdónanos cuando miramos con envidia los dones de otros y sentimos celos por aquellos que son más bendecidos que nosotros en ganar almas, permite Señor que yo no piense que mi trabajo y mi ministerio sean inferiores al de ellos porque a mí se me ha dado la labor de perfeccionar a los santos, a los que he ganado con tu palabra y a los que otros han ganado, cuando trabajo como pastor y cuando hago obra de evangelista. ¿De qué podrán gloriarse aquellos que han ganado almas muy preciosas si ellas no continúan en el camino de la fidelidad, o si son poquísimos frutos? ¿De qué podrán gloriarse si no hubo quien las atendiera para que llegaran al cielo y se quedaron por el camino y la obra que hicieron se deshizo, si se volvieron al lugar desde donde fueron sacadas?