viernes, 18 de julio de 2014

Sin hijos y sin dulces memorias


Jeremías 22: 28-30
"¿Es este hombre Conías una vasija despreciada y quebrada? ¿Es un trasto que nadie estima? ¿Por qué fueron arrojados él y su generación, y echados a tierra que no habían conocido? ¡Tierra, tierra, tierra! oye palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová: Escribid lo que sucederá a este hombre privado de descendencia, hombre a quien nada próspero sucederá en todos los días de su vida; porque ninguno de su descendencia logrará sentarse sobre el trono de David, ni reinar sobre Judá". 

Será castigado a ser un hombre solitario y a tener una vida sin ningún triunfo; a pesar que era un hombre rico, importante, hijo de reyes y él mismo rey, vivirá en espantosa soledad, sin hijos y sin dulces memorias. Oh Señor qué misericordia es la tuya el no estar solo, haber tenido muchas cosas buenas por las cuales darte las gracias, acariciar a una esposa, tener hijos y nietos y como Abraham, ordenarles que guarden tu ley después de nosotros. 
En el v.28 donde dice “vasija” se pudiera traducir “ídolo” porque cuando comenzó su reinado así lo tenía el pueblo, como si fuera un dios joven. No era un cualquiera, alguien sin importancia sino todo un personaje, pero que el profeta o Dios, por dos veces le llama con desdén “este hombre” (vv.28,30), porque no es más que eso, hombre y no un ídolo; en eminencia y reputación pero hombre con las propias limitaciones y fragilidades humanas, con un cuerpo animal que sustentar y limpiar, que digiere y execra, y llegada la muerte se pudre  e hiede. Oh hombres, dioses no divinos sino de tierra.