jueves, 10 de julio de 2014

No lo desperdicies aunque sea poca su bendición



Isaías 65: 8
"Si alguno hallase mosto en un racimo, y dijese: no lo desperdicies, porque hay bendición en él". 

Aquí no está hablando de la naturaleza humana como si hubiera en ella algo bueno sino de gente. Mira a Lot y desecha a Sodoma, mira el mundo y saca a Noé, mira a Israel y elige a Josué y Caleb. ¿Ves esa fruta? Te parece que está podrida toda, pero no, una parte está buena; corta lo malo y separa lo bueno. Si la tiras toda, pierdes una bendición. El Señor ve su remanente, el que no está enfermo y con ese continuará su obra de gracia y sus propósitos. El ojo del Señor ve bien y cuando hay alguna cosa buena en alguien, la tiene en cuenta (1Re.14:13). Esto es un ejemplo de indulgencia divina. Tratar de mirar el carácter de la gente como el ojo divino, buscar en su interior si tiene alguna, aunque sea pequeña, bendición, y por ella perdonarle las otras. No somos perfectos, somos racimos con frutos buenos y otros amargos o podridos; somos una mezcla, un conjunto de cosas aprobadas y desaprobadas por Dios y los hombres. La iglesia debe decir a los más exigentes "no lo desperdicies", usa lo bueno que tiene porque de todos modos para nosotros, es una bendición, y tal vez en el futuro esa bendición sea mayor. Y el susodicho continuó en la membresía y con el tiempo su bendición aumentó. Un poquito que aporte, algo que signifique para otros, algo del Señor. No lo desperdicies porque hay en él o ella, bendición. No desperdicies la compañía de alguien aunque sea poca su bendición.