jueves, 3 de julio de 2014

No sabemos lo que será de nuestro ministerio ni sus proyecciones pendientes


Isaías 49: 5, 6
"El que me formó desde el vientre para hacer su siervo, para congregarle a Israel".

No te quejes mucho, ministro; si lo haces es que se te ha olvidado cómo mira Dios tu trabajo y desconoces la trascendencia de tu ministerio. La Reina Valera traduce “poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob,  y para que restaures el remanente de Israel;  también te di por luz de las naciones,  para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra”, y confunde un poco.  Lo que el Señor quiso decir fue “es para mí algo ligero y fácil si quisiera levantar contigo todas las tribus de Israel pero por la dureza de ellos eso no sucederá. Ahora bien, tengas éxito con ello o no, la luz de tu mensaje llegará a todas las naciones y salvará gentes en los confines de la tierra”. Nosotros, consiervo. Dios miraba su trabajo como no lo miraban los hombres.

Isaías nunca congregó a Israel en su tiempo; pero siempre supo que él era muy estimado y honrado a los ojos de Dios, y tuvo la experiencia en todo momento que en sus desmayos recibiera de su Señor fuerza para perseverar ante la dureza de corazón de aquellos a quienes les predicaba y que se negaban a cambiar y a dar oídos a sus predicaciones y advertencias. He ahí, le alza el velo del futuro.
Sabe para qué el Señor lo llamó y que no lo ha cumplido aún, y lo haría algún día. Supone que se ha agitado en vano. Dios le aclara que no, que no es el salario que devenga su recompensa porque ella provendrá del cielo y es escatológica (v.4). Y con todo puede perseverar porque tiene dos cosas a su disposición: fuerzas y la seguridad que es  muy estimado (honrado a los ojos) por Dios. Sabe que Dios lo estima a él y a su trabajo. Aunque no tenga resultado su labor a los ojos del Señor es valiosa y apreciada.

Y de aquí una poderosa lección para combatir la frustración y el desánimo: Que nunca nos quejaremos de que estamos recibiendo poco en nuestro ministerio porque de un modo o de otro, ahora o luego, el Señor usará para alguien, sepa yo o no quién es, lo que predicamos. Dios no nos llama a poco, visto por sus ojos, lo que pasa es que no podemos ver todas las dimensiones de nuestro ministerio, ni sus proyecciones futuras pendientes.