miércoles, 23 de julio de 2014

Se puede morir una congregación pero no su Dios



Jeremías 51:5
“Israel y Judá no han enviudado de su Dios”. 

Aunque también se puede traducir abandonado o desechado, divorciado, esta es la traducción primaria y la más elocuente. No ha muerto tu Dios, oh creyente, lo sentirás lejos de ti pero no está muerto, te parecerá que está inmóvil, que no respira, no habla, que es sustancia inerte, pero verás que es “el Viviente que me ve” (Ge. 16:13,14), que es realmente “el Existente” como le dijo a Moisés, “yo Soy el que Soy” (Ex. 3:14). Podrás enviudar de padre, madre, esposo, esposa, pero nunca de tu Dios. Lo que se muere es la vida espiritual de los creyentes, que “tienen nombre de vivos pero están muertos” (Apc. 3:1); se puede morir una congregación pero no su Dios, se mueren porque se separan de Dios, pierden la comunión con él, pierden el gozo y comen pan de enlutados, pero jamás se muere aquel que no nació sino que “sus salidas son desde los días de la eternidad” (Miq. 5:2); no puede morirse aquel que ya murió y  resucitó y tiene un sacerdocio perpetuo, según una vida indestructible (He. 7:16), que “subió a lo alto llevando cautiva la cautividad” (Efe.  4:8); no pueden morir los que se surten de la vida suya por medio de la fe, la palabra y la oración en el Espíritu.