lunes, 3 de septiembre de 2012

Son dañinas las preocupaciones anticipadas


Mateo 6:32-34  
32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. 34 Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal”.


Son dañinas las preocupaciones anticipadas. He querido dejar aparte para un espacio separado esta porción, por la vigencia que tienen las palabras del Señor. Permítanme primero hacer uso en préstamo, de un comentario ajeno. 

"No vivas con ansiosos cuidados. La octava y última razón, contra esta irrazonable conducta es, que esas preocupaciones adelantadas no sólo son inútiles en sí mismas sino que además hacen nuestra vida miserable antes del tiempo. El futuro cae solamente dentro del conocimiento de Dios. Traspasamos, por lo tanto, los derechos divinos cuando tratamos de predecir todo lo que nos ha de acontecer y queremos asegurarnos el futuro con nuestros propios recursos. En ese caso ¡cuánto bueno es omitido, cuánto mal ha causado, cuántos deberes abandonados, cuántos inocentes descuidados, cuántas buenas obras destruidas, cuántas verdades suprimidas, y cuántos actos de injusticia autorizados por aquellas temerosas predicciones de lo que podría haber pasado; con tales incrédulas aprehensiones concerniente al futuro! Hagamos ahora lo que Dios requiere de nosotros, y confiemos las consecuencias a él. Las cosas futuras que Dios sí nos pide que las anticipamos son el día del juicio y la eternidad: ¡y sin embargo son las cosas que más descuidamos!

“Basta a cada día su propio afán o suficiente es para cada día su propia calamidad". Cada día trae sus propios problemas: y cada día debemos enfrentarlos con la confianza en Dios. Como está establecido que vivamos un solo día a la vez así es de sabios preocuparnos con los problemas que trae un solo día no muchos que todavía están en la voluntad de Dios. Aquel que descuida su presente, el día que Dios le da, preocupado por el futuro, se opone al orden que Dios ha establecido, daña sus propios intereses y actúa en disconformidad con los dictados de una sana sabiduría. Vivamos para la eternidad y le daremos más tiempo e importancia a aquellas cosas que verdaderamente tienen valor cada día”. (Adam Clarke’s Commentary of the Bible).

 Preocupaciones hipotéticas. El cristiano sabe (v.32), que Dios es consciente de sus necesidades, tanto del estómago como las del cuerpo, pero quiero que se observe: El afán y la ansiedad deben desaparecer porque no es otra cosa que una manifestación malvada ante el mundo, de nuestra poca fe. Desacreditamos a Dios agonizando por lo que los hijos del mundo suspiran. Si algo deshonra a Dios debemos inmediatamente dejarlo. La vida de los hijos del reino debe tener una proyección diametralmente opuesta a las del mundo, porque es una vida de fe, asentada ante todo sobre los valores espirituales. Pero más que todo eso porque así podremos tener más tiempo y ánimo para dedicarlos a la práctica y extensión del reino de Dios.

Las cosas que corresponden ser añadidas deben ocupar ese sitio, el segundo, no el primero. Lo mismo que se dijo de la popularidad se dice de los bienes terrenales, se llega hasta ellos indirectamente, buscando primero los espirituales. Un cristiano espiritual no carecerá nunca de estas cosas porque Dios se ha comprometido en suplirlas.

La conclusión es esta: que cada día, el de hoy, y el de mañana, sea un día de fe y estemos totalmente tranquilos en la certidumbre de la providencia de Dios sin dejar que el corazón se agite con preocupaciones hipotéticas y futuras que no son otra cosa que la máscara de la desconfianza de la Palabra de Dios. Y además devastadoras. El Señor nos ayude a honrar su nombre en todo esto. Danos Señor el Pan de tu Palabra hoy y con él viviremos, y con la fe que él nos traiga esperaremos tranquilos el avance y la protección de tu providencia. Y ella es sabia.