miércoles, 29 de agosto de 2012

Un libro para mentes inquisitivas


Juan 20:30,31
30 Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. 31 Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre”.

Se está terminando el libro y su autor, Juan, piensa que ha omitido muchísimas cosas que los evangelios sinópticos cuentan, y que ya su volumen es suficiente amplio y comprimido como para que quien lo examine pueda aceptar que Jesús es el camino, la verdad y la vida, la Palabra hecha carne, que quien lo ha visto a él ha visto al Padre, y que es el Mesías, y por supuesto Hijo de Dios. Todas esas cosas están declaradas en estos pergaminos y el joven apóstol, si todavía era joven, estima que es una bienaventuranza el creer a Jesús y que tal fe, dogmática e indubitable, es suficiente para la vida eterna.

Considera que ha escrito las cosas esenciales, y si no son tantas, se pueden leer y releer, rumiarlas e investigar "para ver si estas cosas son así", porque el autor no escribió solamente para deleite personal sino para compartir evidencias que corrigieran la incredulidad de sus lectores y pasaran de ser reprobados e infelices a bienaventurados creyentes. Los otros evangelios tienen un propósito histórico pero éste, el cuarto, su fin es utilizar la cristología más elevada para alcanzar a individuos pensantes en un mundo griego, y convencerlos con los argumentos de un testigo ocular, de los sucesos que tuvieron lugar en la vida de Jesús. Al menos los principales, lo que él considera esenciales para que cualquier mente inquisitiva les de su asentimiento. Su motivación es limpia y contiene la pureza que debiera tener todo autor cristiano y todo predicador desde el púlpito, que su auditorio obtenga la vida eterna y Dios sea glorificado.