miércoles, 1 de agosto de 2012

Pilato, posmodernista del siglo XXI


Juan 18:36-40
"36 Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. 37 Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. 38 Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo: Yo no hallo en él ningún delito. 39 Pero vosotros tenéis la costumbre de que os suelte uno en la pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos? 40 Entonces todos dieron voces de nuevo, diciendo: No a éste, sino a Barrabás. Y Barrabás era ladrón".


Los judíos habían tratado de asustar a Pilato y presentando a Jesús como un rival político, más que eso, como un ambicioso que a guisa de haberse hecho popular podría hacer que lo quitaran de su trono y le robara la procuraduría. Por eso es que le preguntó si era verdad que estaba tratando de hacerse rey de los judíos. Jesús no le dijo "estás loco, a mí no me importa tu pequeño trono ni todos los reinos de este mundo a quienes mi Padre ha entregado a Satanás, mi reino no es de este mundo, si esas fueran mis intenciones yo no hubiera desarmado a uno de mis líderes, ni tampoco me hubiera dejado apresar mansamente conociendo que tenía un traidor en el grupo y que había vendido mi identificación por treinta monedas de plata". Eso lo digo yo. 

Lo que sí es seguro, fue que Jesús le dijo que se estuviera tranquilo, que eso de que era un político peligroso, eran totales mentiras. Cuando Pilato le preguntó directamente si era un rey, Jesús le dijo, "no pongas esas palabras en mi boca, eso lo estás diciendo tú y no yo, lo dicen también los judíos pero nunca me han escuchado decirlo" (v. 37).

Ya para este momento este procurador se había dado cuenta que enfrente de él no tenía un adversario sino un individuo que por envidia los judíos le habían traído, para complicarle el día y para que firmara la sentencia de muerte. En una decisión rápida les anunció el veredicto, que era inocente, o mejor dicho "no culpable" sin ningún delito (v. 38). Quizás para quedar un poco bien consigo mismo y mucho con los judíos, les propuso que aquel delincuente, homicida y ladrón, llamado Barrabás, si de él ellos le pedían la sangre, él se las daba y dejaba suelto a Jesús de Nazaret, a quien después de interrogarlo y azotarlo, lo dejaría en libertad. El grupo de judíos puso el grito en el cielo, y se negaron al cambio, insistiendo que el muerto no fuera Barrabás sino Jesús, y ganaron ellos.

Parece raro que Jesús le dé una explicación a este funcionario que su misión es de otra clase, y que no quiere ponerse al frente de un gobierno civil ni militar, sino que ha nacido, vivido y llegado a ese momento para dar testimonio de la verdad. Parece raro pero pudiera ser que en el pensamiento de Jesús a quienes tuviera presentes fueran a los judíos, la ley de Moisés, los profetas y los salmos, es decir al auditorio y no precisamente a Pilato, que de esos libros y su contenido conocía poco. Esa idea cobra un poco de fuerzas por cuanto Jesús dijo que los amantes de la verdad son los que se sientan a escucharlo y aceptan su evangelio como la mejor interpretación de los libros sagrados de los judíos.

Pilato cuando escuchó la palabra de verdad, él que vivía envuelto de mentiras y mentirosos que decían mentiras políticas, mentiras económicas y mentiras morales, y para quien el conocimiento de la verdad se le iba evaporando con su trabajo, y como si fuera un posmodernista del siglo XXI, preguntó si realmente existía la verdad, dónde se hallaba, quién la tenía, y de qué se trataba. Y la tenía enfrente rodeada de acusadores: Jesús. Nadie recordaría, ni él mismo, la última vez que vio y oyó a una verdad. Y tan desinteresado estaba en ella, o tan imposible de definirla, o tan difícil y complicado era presentársela con claridad, que se fue y no se sentó a escucharla. Le parecía mucho pasar veinte minutos sentado en una silla oyendo una predicación. De esa clase es nuestro auditorio social, lleno de Pilatos para quienes "nada es verdad y nada es mentira sino que todo depende del cristal con que se mira".