martes, 14 de agosto de 2012

Dijo: yo fui pero ya no soy


Lucas 15:22-32

"22 pero el Padre dijo a sus siervos: sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano y calzado en sus pies. 23 y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; 24 Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse. 25 Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas;  26 y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. 27 Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. 28 Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. 29 Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. 30 Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. 31 Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. 32 Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado".


Los fariseos continuamente refunfuñaban porque Jesús les daba entrada a su círculo personal a personas del bajo mundo, encasillados por ellos como pecadores y malditos por la ley de Dios, esto es, los publicanos o recaudadores de impuestos, los ignorantes de la ley de Moisés y por añadidura algunas prostitutas, que para alarma de ellos habían sido transformadas en seres espirituales que gastaban el dinero en su adoración y vertían lágrimas y perfumes en sus pies.

Jesús les dice que el mar humor de ellos, dibujado en el hosco carácter del hijo mayor, contrastaba con la alegría que había desde entonces en el cielo al saberse allí la tan buena aceptación que había tenido el evangelio entre los peores. Cuando el hijo mayor, que se había quedado con las dos terceras partes de la herencia, y que por prácticamente tener una vida moral impecable según la justicia propia, nada arrastrado hacia los placeres juveniles y viviendo siempre en orden bajo el techo paterno, regresaba del trabajo y escuchó desde lejos la música se extrañó de aquello, y tal vez por su ropa sucia envió a alguno de los empleados para que supiera qué estaba pasando en casa de su padre y el motivo de aquel festín.

Cuando le trajeron la gran noticia de que su hermano había regresado y que el padre, los tíos, los sobrinos y los empleados estaban contentos con la llegada, en vez de correr e ir a ver al hermano, se paró en seco y se negó a entrar, sin alegar alguna excusa en relación con su vestuario sino echándole en cara a su padre que no había razón para recibir a su hermano con tanta fiesta porque era un disipador y un corrupto que había tirado toda la herencia familiar que se llevó, en cantinas y prostíbulos, mientras que él que había sido honrado, decente y obediente y jamás había recibido tan espectacular reconocimiento.

El padre no le discutió el punto porque era cierto lo que estaba diciendo, y le dijo que con aquella fiesta no estaban celebrando su mal comportamiento sino su regreso, porque muchas veces había pensado que le traerían la noticia de que estaba muerto si es que sabía de él, ya que desde mucho no sabía algo y parecía habérselo tragado la tierra. Lo que se estaba celebrando era su resurrección, el olvido, el perdón sin rencores y con alegría. Insistente desde la puerta le suplicaba a su varón que entrara y saludara a su hermano y lo abrazara, aunque fuera por ser hermanos,  compartiera un rato, y después si no quería estar más se marchara alegando alguna excusa. 

El joven terco en no dejarse convencer se negaba entrar, diciendo cien veces que no creía en el arrepentimiento de publicanos y pecadores, ni en el perdón gratuito. No dijo más y se fue, y desde lejos se justificaba a sí mismo como fariseo diciéndoles a los que no se veían faltas morales, la mala historia de aquel indigno ser humano, que contaba en la fiesta que fue y ya no era,   un perdido, amigo de rameras y de mala gente.