jueves, 9 de agosto de 2012

Dios oye a los cuervitos cuando chillan


Salmo 147:9
"El da a la bestia su mantenimiento y a los hijos de los cuervos que claman". 

Se puede traducir “y a la cría de los cuervos cuando chillan”. Si ellos claman ¿tú no? ¿Será Dios más sordo a los clamores de un pájaro hambriento que a un hijo suyo, con alma inmortal, hecho a su semejanza, por quien Cristo murió, heredero de la vida eterna a quien Jesús fue a preparar un lugar junto al Padre? ¿Pueden compararse los clamores de un cuervo a los gemidos del Espíritu Santo? (Ro. 8:26). Jamás un cuervo clama de modo indecible; son clamores naturales y no espirituales que no tienen que ver con la salvación, con el perdón de los pecados, con la angustia por Israel y la preocupación por todas las iglesias.

Cristo no murió específicamente por los pájaros ni ellos son templos del Espíritu Santo, ni forman uno a uno la iglesia. Y aunque usted no lo crea, los chillidos de los cuervitos son oídos aunque tienen en contra la ley del mismo Dios a quien ellos pian, puesto que según Moisés, Dios los tuvo por pájaros inmundos, que comen carroñas y que deben ser separados de todo contacto con su pueblo santo (Lev. 11:11-27). Su lugar es entre los reprobados, los rechazados, él y todos los otros compañeros semejantes que aparecen en esa lista dietética. Con todo, un cuervo fue el que envió Noé para saber si se podía bajar del arca, e hizo el mismo trabajo que una paloma. 

Y la simbólica lista habla de hombres y mujeres pecadores y de sus compañías. Los que según la ley de Jehová son inmundos suelen ser elegidos por la gracia de Cristo para la salvación e ingresar en la lista de los escogidos para volar y sentarse en los lugares celestiales. Separados por Cristo  de sus viejos linajes y parentescos, y de esas somormujas, búhos, lechuzas, buitres, murciélagos, pelícanos y otros insectos de cuatro patas, cretenses siempre mentirosos y cretinos, que el apóstol llama “malas bestias” (Tito 1:12). Es una gran esperanza para la oración, que si Dios escucha y provee por los chillidos de todas esas aves que tienen los diez mandamientos en contra y todo el Levítico, seguramente nos oirá cuando clamamos por pan, agua o tenemos que volar fuera del nido buscando empleo, con otros muchas bocas que compiten.