sábado, 4 de agosto de 2012

Jesús, un hombre fuera de serie


Juan 19:1-12
“Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó. Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron con un manto de púrpura; y le decían: ¡Salve, Rey de los judíos! y le daban de bofetadas. Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él. Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre! Cuando le vieron los principales sacerdotes y los alguaciles, dieron voces, diciendo: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! Pilato les dijo: Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo delito en él. Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios. Cuando Pilato oyó decir esto, tuvo más miedo. Y entró otra vez en el` pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dio respuesta. 10 Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte? 11 Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene. 12 Desde entonces procuraba Pilato soltarle; pero los judíos daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo de César; todo el que se hace rey, a César se opone”.


Pilato personalmente no lo azotó pero se lo entregó a los soldados para que lo hicieran, y ellos con gusto se dieron un banquete, terrible y sangriento. Sin embargo el principal deleite de esos militares romanos no consistía en la salvaje golpiza que le propinaron sino en burlarse de él, moralmente tirarlo al suelo, quitarle  las agallas del silencio, pisotear su popularidad, romper si pudieran su fama, en fin convertirlo en un bufón mentiroso y ridículo, y por eso en vez de golpearlo con el puño cerrado lo hicieron con las manos abiertas, la derecha y la izquierda, le daban bofetadas (v. 3), y lo vistieron como si fuera un rey, no con corona de laurel ni de oro sino de espinas, y le pusieron en la mano un cetro no lujoso sino de palo.

Con todo, Jesús como hombre los dejaba a la zaga. Cuando los soldados le avisaron que el prisionero ya no aguantaba que le siguieran pegando, se lo comunicaron a Pilato y este lo sacó a donde estaba la turba judía y con cuatro palabras les dijo que no le habían sacado ninguna confesión que fuera punible por la ley romana (v. 4). Es difícil, aunque hay diferentes opiniones, qué  quiso decir el procurador cuando presentó a Jesús, "he aquí el hombre" (v. 5). ¿He aquí el hombre que ustedes quieren matar? Y ¿por qué no dijo, he aquí Jesús, he aquí el predicador, he aquí el sanador, he aquí el carpintero, he aquí el acusado?

Sino que dijo he aquí el hombre, tal vez después de escuchar el testimonio de los que le torturaban y que mientras lo azotaban, le tiraban de la barba, lo escupían, lo echaban al piso, no apretó los dientes de rabia, ni los fulminó con una mirada, ni les gritó barbaridades y mucho menos procuró huir. Aquella masa humana sanguinolenta contrastaba como ser humano con la actitud de energúmenos que tenían ellos. Bestias.

La calidad humana de Jesús debió haberlos impresionado, si eso fuera posible. Era más hombre que ellos pero en otro sentido, en aquel que honra la raza y muestra la semejanza e imagen de Dios. Había que ser más hombre para comportarse como él, bendecir cuando lo maldecían, amarlos cuando lo odiaban, aceptar el maltrato como si fuera su deber hacerlo. Era una forma extraña y superior de ser hombre. No reaccionaba como un macho, como un adúltero, como un borracho, como un político, ni como un delincuente o amenaza social. El  hombre que presentó Pilato era un hombre fuera de serie.

Los judíos comenzaron a discutir con Pilato para determinar quién lo mataba, ellos le decían mátalo tú, y Pilato respondía, mátenlo ustedes. Al fin llegaron a un acuerdo, pasar de la política a la religión, que era más fácil.  Como no encontraron que hubiera cometido algún delito civil o contra los militares, sacaron el asunto de la religión, y por ahí fue que encontraron, en su teología, en su cristología, como diríamos, en su Biblia, una herejía por la cual podían justificar su ejecución. Dijeron, que Jesús había dicho, que era Hijo de Dios y eso implicaba deificación. Una herejía inventada, y por ser benévolo, yo diría porque no oyeron o no le oyeron bien, por una exégesis errónea de su evangelio. Fue como una cita literal del evangelio, tomando las palabras, sin un estudio profundo, sin el testimonio teológico de ellas. Muchos habían escuchado una voz del cielo que decía "este es mi hijo amado a él oíd".

Es decir, suponían que había cometido una herejía, y pensaban así por falta de dedicación.  Claro, no les interesaba. Casi siempre las herejías brotan de ese modo, si no es por incapacidad intelectual, es por holgazanería intelectual, entre otras cosas. Cuando Pilato escuchó, siendo Pilato teológicamente pagano, tuvo miedo haber tenido que ver algo con algún dios bajado del Olimpo. El desatino de este juez consistía menos que una herejía sino más bien en una equivocación religiosa. Jesús no había venido del Olimpo sino de Dios.

El problema fue que buscando aclarar el asunto de la divinidad de Jesús se encontró un evangelio cerrado, un Jesús mudo, la palabra de Dios que no le decía a él absolutamente nada. Defraudado, desobedecido y con disgusto le dijo a Jesús que si no se daba cuenta quién le estaba preguntando, un hombre con autoridad y que tenía su destino en sus manos. Y en eso se equivocaba, era lo contrario, el destino de Pilato estaba en las manos de Jesús y no viceversa. El evangelio es un tema completamente cerrado para los que sin oración y súplica quieren entrar a su contenido. Piense en miembros nominales de la iglesia o simpatizantes, para que vea. Y ese no era el estilo de Pilato, que sin despojarse de sus ínfulas exigía a Jesús explicaciones y significados de sus palabras.

Al fin Jesús accedió a contestarle pero no con respecto a su divinidad sino con relación a la providencia y soberanía de Dios, y esto podría hacer que Pilato mirara hacia otro lado, quiero decir hacia arriba, y que era lo que era porque Dios lo quería, y tenía lo que tenía porque Dios se lo había dado, y le dijo quesu  posición política se la debía a Dios, y que él lo estuviera juzgando también se debía a Dios. El estudio de la providencia y soberanía de Dios en la vida de uno es bueno para la fe. Pero hay que estar verdaderamente interesado en Cristo para hacerlo. Y pudo haber estado en las intenciones de Jesús el asunto del pecado del procurador, y por eso le aclara que todos los pecados no son del mismo tamaño y el de Judas, o sea la traición, era un pecado mayor que hacerse el de la vista gorda, el miedo y la superstición. Así pues le hace ver que su pecado es perdonable. Y el hombre ese no se dio cuenta nada de nada.

En las palabras de Jesús hay cierta simpatía hacia Pilato. Y Pilato respondió positivamente a esa simpatía y quiso soltarlo. Si Pilato hubiera juntado esa simpatía con el consejo que le dio su mujer que no tuviera nada que ver contra Jesús, se habría aproximado muchísimo al evangelio. Pero eso no pasó. Jesús ha mirado con simpatía y con amor a mucha gente, que por una razón u otra han tenido cierta aproximación al reino de Dios, sin entrar a él, como el joven rico o aquel que preguntó sobre el tamaño de los mandamientos. Las simpatías por Jesús y de Jesús, son como un roce con él, y no son suficientes para recibir el evangelio ni para testificar de él. Los judíos notaron que Pilato era blando con Jesús y se apresuraron con amenazas a evitar que lo soltara, y le dijeron que cualquier condescendencia, ellos se sentirían traicionados y harían todo lo posible para que tal cosa la pagara cara, y si fuera necesario con su carrera política, su autoridad y su salario. Y el procurador como político al fin y no cristiano, dejó que las cosas corrieran como iban y que por decisión popular, algo así como por voto democrático, que el cristianismo fuera muerto y sepultado. Más sobre esto, otro día.