miércoles, 12 de septiembre de 2012

No seas un títere de tu cuerpo, mira con un ojo tus instintos y con el otro al diablo

1 Corintios 9: 24-27                                                             
24 ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis.25 Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.26 Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire,27 sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.


En este pasaje el apóstol piensa en los hermanos y en sí mismo. Puede tener en cuenta tanto la salvación de ellos como su ministerio; pero el objetivo principal en ambos es el servicio al Señor, la vocación práctica a la que cada uno ha sido llamado.
                                   
Aunque suene como sicología, de lo que habla el apóstol es control sobre el cuerpo, un control por medio de la voluntad, de la mente y del espíritu. Todo líder cristiano debe cuidar espiritualmente su cuerpo porque forma parte importante en su salvación y en el honorable servicio que presta a la comunidad cristiana. Pablo, conforme se adaptaba a los otros para hacerlos copartícipes de los frutos del evangelio y que viniesen con él a la salvación, negándose a sí mismo por  ellos, no procurando su propio beneficio para que sean salvos (10:33) y reduciendo su libertad por la conciencia de otro (10:29); así obra para consigo mismo, en beneficio de su misma salvación y servicio cristiano, ejerciendo temperancia, dominio propio o autocontrol (egkrateia). Específicamente sobre su cuerpo para que se salve a sí mismo y a los que lo oyeren (1 Ti. 4:16).

El ministro no debe ocuparse solamente en hacer planes y desarrollar estrategias misioneras sino también con temor y temblor en su propia salvación, y preservarse irreprensible ministerialmente. Debe luchar principalmente consigo mismo y contra la ley que lleva en sus miembros (Ro.7:23), auto controlando sus deseos pecaminosos, sus malas inclinaciones, peleando internamente contra la carne que batalla contra el alma (1Pe. 2:11) dentro de su mismo cuerpo, en todos sus miembros y vísceras. Esto no lo hace por medio de mandamientos de hombres sino por el Espíritu Santo porque lo primero no tiene valor alguno contra los apetitos de la carne (Col.2:23).

2. El cuerpo en la teología paulina. Se puede ver que para Pablo su cuerpo está naturalmente dominado por una fuerza anárquica, cuyo origen es su naturaleza humana y se proyecta por medio de sus órganos, y tiene que ser controlado por él mismo, a partir de su espíritu y voluntad, desde adentro. Esto no tiene nada que ver con los azotes corporales practicados por los monjes. Cuando dice golpeo mi cuerpo habla en sentido figurado, es una metáfora, siguiendo la imagen de un luchador o un pugilista. Cuán  orgánica sea una tentación sólo Dios lo conoce, mas lo que sí sabemos es que se puede ejercer sobre ella autocontrol (Hch.24:25; 2Ti.1: 7); que es un procedimiento muy doloroso, se sufre, se lucha (agoniza), pero al fin se domina.

Por la determinación de sus palabras se deduce que su cuerpo es un campo importante de combate con el cual debe correr su carrera cristiana y ministerial. El uso del cuerpo en la teología de la salvación en Pablo no es algo secundario; para él es templo del Espíritu Santo y sus órganos no deben ser consagrados a la inmundicia sino a la justicia. No es un elemento de humanidad desechable aunque rebelde y hostil que se levanta contra la mente y químicamente domina la voluntad estorbando los más santos deseos, y no se pueda hacer lo que uno quiere y es conveniente.  La santificación de la mente y el uso sabio del cuerpo, no dándole todo lo que pide sino sometiéndolo en servidumbre.  Pablo no habla de negarle al cuerpo sus reclamos normales sino no permitirle que te convierta en su amo, esclavizándote y haciéndote una marioneta, y títere y muñeco de tu cuerpo.

3. Diferencia con la filosofía o la sicología. Según Pablo es mucho más importante para el autocontrol del cuerpo la abstención que su indulgencia, ponerle límites que dejarle sin barreras. Él dice que lo pongo en servidumbre, lo cual significa que el cuerpo por sí mismo no se somete ni dócilmente acepta su control. Es un gobierno impuesto por la fuerza, el resultado de una lucha poderosa, muy feroz en la juventud, y su victoria.

El cuerpo de un ministro puede arruinar su vocación; siempre es un peligro que tiene en sí mismo. Si se descontrola pondrá  punto final a su vocación y tendrá lugar lo que dice Pablo, que habiendo sido heraldo para otros, habiendo enseñado a otros y guiándolos  a la salvación, “estando proclamando el mensaje”, (lit.), deshacerlo todo y terminar eliminado (adokimos,  uno que falla un test, que no lo pasa, que lo descalifican). Se refiere  a la ruina de su carrera como predicador o proclamador del mensaje del Evangelio, su colapso como evangelista y maestro de los gentiles. La idea que Pablo tiene en su mente no es de reprobación para condenación  sino  descalificación; está hablando más bien del servicio cristiano que de la salvación.

Concluye con una exhortación, pidiendo a cada cristiano que se esfuerce, en especial el ministro, porque dice corred de tal manera que lo obtengáis poniendo en ello esfuerzo y diligencia para alcanzar el premio, que me parece que se ajusta más al servicio cristiano y las recompensas por la utilidad. Sus palabras son referidas a la vocación de cada uno (y la suya).  La “corona de la vida” no es un premio, es un regalo. Pablo la define como una corona incorruptible, inmortal e imperecedera, conforme a su labor. En fin, pastor, líder cristiano, mira con un ojo tus instintos y con el otro al diablo.