martes, 22 de enero de 2013

Los treinta años de anonimato de Jesús

Mateo 22:41-46
41 Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, 42 diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. 43 Él les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo: 44 Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? m 45 pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo? 46 Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más”.

¿Cuál es vuestra opinión sobre el Cristo? ¿De quién es hijo?. Jesús tomó la iniciativa para que no lo molestaran más. Se cree que los 30 años de anonimato, en la sombra, los pasó estudiando la Escritura; él, Dios, la oración; esa fue su buena parte, la cual no permitió que se la quitaran (Luc.10:42); sin profesores (13:54). El conocimiento de la Escritura, de la práctica de oración no fue algo de última hora sino de toda su vida. Nunca se interrumpió su crecimiento espiritual (Luc.2:46-52).

No fue una locura que le entró de momento (Mr.3:21). El estado de la iglesia fue algo que vio con sus ojos. Sabía quién era, lo que sería y cuándo se lo manifestaría al mundo. Decían "ese hombre está loco, o Dios nos envía locos". Era demasiado aquello (Jn.10:19-21, 33). Treinta años para nosotros estudiando la Biblia es un tiempo prudencial antes de predicarla bien y comentarla mejor, aunque como los apóstoles, empecemos a anunciar la Palabra mucho antes que eso.

Y ni aun ellos, porque tuvieron que tomarse años para comprender todo lo que habían oído y visto, y es por eso, supongo, que los evangelios se escribieron muy posterior a las epístolas de Pablo. La ausencia de fama es buena para aprender y escribir sin ser complaciente con el público, porque en ese tiempo no miramos los números ni estamos pendientes de las estadísticas y los rating.