sábado, 5 de enero de 2013

Pecados que inspiran un culto, el arte y la literatura




Mateo 5: 23-25
"Si traes tu ofrenda al altar y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y reconcíliate primero con tu hermano". 

No presentes al Señor una ofrenda mezclada con rencores. Hemos presentado al Señor muchas preciosas ofrendas conscientemente contaminadas con pecado, y hasta es el pecado quien las ha hecho hermosas a los ojos a los hombres. Versos inspirados en amores ilícitos, prosa elegante, sonora y bella, que cautiva la opinión de los críticos y traspasa el corazón con fragante emoción a quien van dirigidos o en quien se piensa. El pecado suele inspirar el arte, el cincel del escultor, la pluma del literato, la lengua del enamorado. 

Así hemos dedicado a Dios y al prójimo alabanzas preciosas con motivaciones románticas de un fingido, pero erótico,  amor fraternal, bellos comentarios sobre la poesía sagrada con la imaginación puesta en un sueño peligroso. Esta clase de pecado que contamina la ofrenda a Dios es mil veces más execrable que una renuente reconciliación y arreglar un mal entendido con un hermano, una palabra equivocada o un juicio precipitado. 

¡Oh pecado, de estirpe y linaje cainita,  que eres padre de los que tocan flautas y de los que se extienden martillando sobre las edades del hierro, del bronce y del oro (Ge. 4); y ¡qué pena, de sermones públicamente aplaudidos, elegantes trajes y llamamientos a caminar al frente con la promesa de recibir a un Cristo que está en la puerta y llama pero no entra! (vv.19-22).