martes, 8 de enero de 2013

El Espíritu los ensambla, no son coincidencias



Hechos 8: 35
“Entonces Felipe abrió su boca, y comenzando desde esta Escritura, le anunció el evangelio de Jesús”. 

En la evangelización del mundo, pienso, tenemos que estar tranquilos, en pleno ejercicio de la fe; no sentir ni actuar como si fuera cosa absolutamente nuestra y sola responsabilidad. A menudo olvidamos al Acompañante más importante en nuestra tarea, al Espíritu; recursos, estudios, sondeos, gentes, sustituyen humanamente la labor divina. Tenemos que subir más los ojos al cielo que bajarlos a la tierra, a la hora de salir a ganar a los perdidos. Cuando llega la hora, hermanos, nadie se va de un lugar sin oír el evangelio y sin convertirse. El Señor tiene los ojos puestos sobre todos los hombres y él mira por la iglesia donde ella no ve.

Observa como el Espíritu Santo ensambla todos los acontecimientos que parecen coincidencias; Felipe es inducido por el Espíritu al sitio exacto, el hombre llega en el momento adecuado, está haciendo lo apropiado, el texto que lee es el mejor; y hasta hay agua para que nada impida el desarrollo espiritual de los acontecimientos y se bautice (v. 36). Dios no deja que nada impida lo que no puede ser impedido. Si algún impedimento se hace insalvable, es que Dios nos está indicando que tenemos que ir por otro rumbo (Hch. 13: 45-46).

Esta es una forma especial y extraordinaria de alcanzar a una persona, pero no menos providencial que el procedimiento normal de predicar a "toda criatura" en cualquier parte (v.4). No hay que esperar esta forma rara de orientación para salir a predicar, la forma normal establecida tiene que ser seguida y no depender de llamamientos milagrosos y señalamientos territoriales sobrenaturales. Habla con cualquier convertido y hallarás esas "maravillosas coincidencias" que aseguran que hay un plan providencial de alcance a otros. ¡Qué maravillosos son los misterios de la salvación!