domingo, 13 de enero de 2013

No mire con malos ojos la doctrina de la predestinación



Hechos 13:48
"Oyendo esto los gentiles, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor; y creyeron cuantos estaban ordenados a vida eterna". 

No es exactamente todos los que quisieron, que aceptaron la palabra, sino los "ordenados". Esto no se dice como algo previo a la predicación: "Creerán los que Dios haya ordenado" sino posterior como para explicar el rechazo de muchos y preservarse del desaliento, aunque eso no cambia lo que ha dicho puesto que la palabra significa que creyeron solamente los que Dios había  “asignado” “señalado” “determinado”, que es lo que la palabra “ordenado” significa. Los que miran con malos ojos la doctrina de la predestinación se defraudan mucho, se lamentan demasiado, no se pueden enjugar ninguna lágrima de los ojos cuando no le hacen caso al mensaje del evangelio, a no ser con el luctuoso pañuelo de la conformidad.

Después de más de casi 50 años (¡se dice fácil, Dios mío!) estudiando la Biblia, predicándola, pastoreando y formando iglesias, y viviendo mi vida cristiana puedo afirmar con inamovible convicción que nadie puede salvarse por medio de su temperamento, tener fe de modo natural, ni ser fiel a Cristo por su propio esfuerzo y ganas, sino porque Dios da la orden que tenga fe y el evangelio obediente la transmite; desde la mollera (si no sabe lo que es eso, es la parte más alta del casco de la cabeza) hasta el calcañar somos salvos por gracia, la fe desde la cabeza hasta la cola pertenece a Dios. He aprendido con el Apóstol a luchar más con Dios por la salvación de otros que con ellos mismos para que la reciban. Si Jesús no dice “quiero” no valen mis ganas.

Volviendo al pasaje, no te desanimes si no todos los que tú querías que creyeran no creyeron. Creerán algunos, los que Dios haya ordenado para que se salven. Reposa y labora. Si alguien desecha su oportunidad otro la toma; eso pasó con la audiencia judía a la que predicaba Pablo, no se consideraban "dignos" de la vida eterna (v.46), no que se consideraran o se sintieran indignos del evangelio sino lo contrario, que eran "demasiado dignos" para tomar la vida eterna, o fingían indignidad, lo cual no es improbable, de todos modos por ese juicio de ellos mismos se excluyeron. Y los gentiles oyendo que Pablo dedicaría su ministerio a ellos y que había una profecía que les garantizaba esa oportunidad se regocijaron y muchos la aprovecharon y “creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna”.