martes, 1 de enero de 2013

Jesús aconsejó examinar los milagros; eso no es incredulidad


Juan 2:1-12
“Al tercer día se celebró una boda en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de Jesús; [2] y también Jesús fue invitado, con sus discípulos, a la boda. [3] Cuando se acabó el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. [4] Y Jesús le dijo: Mujer, ¿qué nos va a ti y a mí en esto? Todavía no ha llegado mi hora. [5] Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que El os diga. [6] Y había allí seis tinajas de piedra, puestas para ser usadas en el rito de la purificación de los judíos; en cada una cabían dos o tres cántaros. [7] Jesús les dijo: Llenad de agua las tinajas. Y las llenaron hasta el borde. [8] Entonces les dijo: Sacad ahora un poco y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron. [9] Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, y como no sabía de dónde era (pero los que servían, que habían sacado el agua, lo sabían), el maestresala llamó al novio, [10] y le dijo: Todo hombre sirve primero el vino bueno, y cuando ya han tomado bastante, entonces el inferior; pero tú has guardado hasta ahora el vino bueno. [11] Este principio de sus señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en El. [12] Después de esto bajó a Capernaúm, El, con su madre, sus hermanos y sus discípulos; pero allí no se quedaron muchos días”.


Mira que a María se le llama la madre de Jesús” no la “madre de Dios”, un título que para enfatizar la divinidad de Cristo se le dio a ella en el concilio de Éfeso en el año 431. Un tal Nestorio se opuso y dijo que era mejor llamarla “madre de Cristo” porque no era madre de la naturaleza divina del Señor sino de su naturaleza humana, pero la mayoría dijo que eso sería separar independiente las dos naturalezas de Cristo, la divina y la humana, entonces se aprobó “madre de Dios” no para convertirla en diosa o “madre del cielo”. 

También vea que se congregaba con ellos, y tuvo el privilegio que la primera manifestación mesiánica de su hijo se hiciera por su petición aunque según la respuesta de él no fue por ella sino por el horario establecido por el Padre (vea 17:1). Con la adición de “todavía no ha llegado mi hora” (v.4), se da a entender que la madre y el hijo conversaban sobre su misión en el mundo y que ella vivía pendiente de ese momento. Especialmente su muerte, como se le había anunciado treinta años atrás. Parece que eran conversaciones entre ellos dos y no participaban sus hermanos, que permanecieron incrédulos mucho tiempo (7:3-6), aunque después llegaron a ser grandes discípulos. En el v.12 se dice que continuó con los discípulos, y después en el Gólgota.

Nota que la madre de Jesús se interesa por las necesidades de los demás cuando le dijo al Señor que el vino se había acabado y la fiesta no. Fue ella quien se acercó a él y le contó el problema que tenía la familia porque el vino que se había agotado, posiblemente después de una semana de fiesta. Y él en pocas palabras le quiso decir que era un asunto que a ninguno de los dos concernía, “mujer, ¿qué nos va a ti y a mí en esto?” (v.4). La Nueva Biblia de los Hispanos traduce “¿qué nos interesa esto a ti y a mí?”. Es una traducción literal pero mejor. Y demostró que sí le interesaba. Y más si esos necesitados son sus parientes, pues se dice que el novio lo era, ya que es bueno estar atento a las necesidades de la familia y ayudarla con lo que se pueda “porque el que no provee para los suyos es peor que un incrédulo” (1Ti.5:8). Pero esto lo hizo María cuando estaba en este mundo, viva, no como se le supone junto al trono del Hijo en el cielo sirviendo de mediadora. Nada de eso, porque es un invento reciente y por supuesto no se halla en la Biblia.

Observa cómo el NT y el propio Jesús toman medidas para que el milagro sea creíble. Jesús no cargó el agua y parece que los discípulos, si cooperaron porque eran como 120 galones en las 6 tinajas no se dice, sino que fueron los sirvientes de la casa; y ese dato es de importancia. Tampoco ninguno de ellos la sacó convertida en vino, ni la llevó a donde el maestresala para que diera su opinión sobre el vino (v.8). Eso para que nadie sospechara que era un truco, que vertió el vino en las tinajas y luego lo sacó. O que llevó vino en una copa y fingió sacarlo de donde se suponía el agua. Todos los milagros de Jesús son examinables o comprobables. El animaba el escrutinio de los mismos. Al leproso le dijo que fuera para que el sacerdote lo viera y al oficial del rey le preguntó, para que todos lo oyeran, a qué hora había empezado a mejorarse el hijo (4:52-53). No es incredulidad examinar un milagro supuestamente hecho por una persona que dice haberlo hecho, para estar seguros que Dios fue quien lo hizo sin la cooperación de otro agente. Es justo que uno no quiera darle gloria a Dios por un milagro que él no hizo. El que protege sus milagros del examen científico o escéptico, levanta sospechas. 
No dejes que  engañen tu sencilla fe ni jueguen con ella.


Además el milagro hecho por Jesús tiene calidad, puesto que pidió del maestresala su opinión, quien dijo que era mejor que el que se habían bebido, “tú has guardado hasta ahora el vino bueno”, contrario a la costumbre (v.10). La calidad de la fruta tiene que ver y otros factores, pero sobre todo cuando es añejo; así supera a los otros, aunque hubiera sido recientemente fabricado y su fruto el mejor. La modernidad en el vino eclesiástico, la actualidad, no puede competir con el vino añejado de la Palabra de Dios, la antigua, la predicada por los profetas y apóstoles. En otras cosas lo moderno es mejor pero no en cuanto a la salvación de los pecadores. El evangelio no hay que actualizarlo ni creer que si no corre con los tiempos las iglesias cristianas desaparecerán. No es cierto. La predicación del evangelio antiguo es insuperable y cualquiera que en asuntos espirituales sea un experto maestresala reconocerá que el que ha sido preservado por años en la Biblia y expuesto a la luz,  aventaja a cualesquiera otros.