domingo, 13 de enero de 2013

Una guerra suicida para rescatar a un rehén


Génesis 14:1- 24
“Al oír Abram que su pariente había sido llevado cautivo, movilizó a sus hombres adiestrados nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y salió en su persecución hasta Dan”.

¡Imposible!, que se pueda obtener la victoria tan grande con gente tan inadecuada (aunque adiestrada), aunque a los siervos de Abram se les añada los posibles guerreros que vinieran con sus aliados Aner, Escol y Manre, era imposible que pudieran hacer lo que hicieron, fue una locura, un acto de fe principalmente de Abram y que pudiera convencer a esos generales, amigos y aliados, a emprender una guerra suicida para rescatar a un rehén. Si no interviene Dios esta victoria hubiera sido imposible. Una familia contra un ejército, militarmente imposible. ¡Abram! Un peregrino nómada no un general. 

¡Qué amor tan grande tenía por su sobrino con quien había tenido algún “roce”; por él lo arriesgó todo! Fue una locura de amor, una aventura de fe. Supongo que consultó a Jehová y siguió los impulsos del amor al prójimo y el deber familiar.

Oh Señor, que no confiemos en número y en preparación sino en ti. Un pequeño grupo santo y consagrado es equivalente a una multitud, obtiene los mismos resultados, una familia que con la bendición de Dios gane victorias mundiales. No necesariamente una iglesia tiene que tener miles de miembros para realizar grandes hazañas, una menor llena de fe, coraje y Espíritu también puede lograrlo. Con lo que uno aprende domésticamente sin un entrenador “profesional”, como David con las ovejas y los leones, puede echar abajo y de bruces al peor Goliat del mundo.

¿Qué vamos a esperar? ¿A ser miles para perseguir lo malo, lo torcido, lo que nos ha robado algún miembro de la familia? Podemos, unos pocos,  unirnos,  caerles encima y ponerlos en fuga y dejar libre a quien amamos y habían conquistado ya que a no ser que le echemos una mano no tiene modo de volver con nosotros. Unas cuantas iglesias o familias así consagradas con fe y un poco de adiestramiento, darían grandes sorpresas al hostil mundo que se lo llevó.

Entrenamientos y más adiestramientos de ociosos y bien pagados griegos y hebreos, que conocen raíces y declinaciones doctores en la materia, que no matan una mosca del diablo, no aprovechan para nada en la iglesia porque ellos no tienen experiencia en el combate, que tienen más nombre que pericia, o ganaron una pequeña y remota escaramuza hace mucho tiempo y desde entonces otros más ociosos todavía, lo eligieron para que fuese por el valle reuniendo pastores nómadas y entrenándolos teóricamente en el arte de cortar cuellos erguidos que se levantan contra el conocimiento de Cristo, sacar ojos que hacen caer, y restaurar manos secas, inertes hace mucho tiempo, para que retornen a la generosidad y estrechen a otras en señal de compañerismo y de aprobación. El asunto es que eso lo han aprendido en libros y saben bien cómo se maneja la espada, que nunca han sacado de la vaina. ¿Entiendes lo que lees? ¿O te lo vuelvo a decir con nombres y apellidos?