martes, 29 de enero de 2013

Pablo y yo nos quedamos callados



Romanos 8:29
“Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo”. 

Oh alma, salta de delicia porque Dios te conoció antes de nacer y haber hecho bien o mal (9:11), y además te envió al mundo predestinada; no viniste por casualidad ni por voluntad de varón y de mujer (Jn.1:13), eres más que el fruto de los deleites de una pareja humana. 

Dios te creó para que fueses como Cristo, para que tuvieses muchos hermanos y Cristo es el principal entre todos. El deseo mayor de Dios para ti y para mí es que nos parezcamos a Cristo. Cualquier cosa que me pase, mi Señor, lo que deseo es ir pareciéndome más a Jesús. El Espíritu Santo va dibujando más su imagen en nuestras vidas.

¿Quieres meditar en esto con relación a la salvación? “A los que antes conoció los predestinó”; a los que quiso, a los que eligió, cuando escribió sus nombres en el libro de la vida de su santísima memoria. Hablamos de “cosas mejores que pertenecen a la salvación” y no a la condenación (He.6:9). Estamos escribiendo para los escogidos, “a los que están fuera los juzgará Dios” (1Co.5:13) y él sólo tiene la respuesta a esa fastidiosa pregunta, de por qué  no  los  eligió. Es un misterio que está escondido en lo profundo de sus pensamientos, protegido contra los altercadores y preguntones.  No nos preguntes por los que no predestinó para salvación, porque Pablo y yo nos quedamos callados (9:15-20). “Y nadie nos cause molestias” (Ga.6:17).