sábado, 12 de enero de 2013

Seis razones para no ser de estorbo ni a Dios ni a la iglesia



Hechos 11: 17
"Por tanto, si Dios les dio a ellos el mismo don que también nos dio a nosotros después de creer en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para poder estorbar a Dios?".

¿Eres un colaborador de Dios o un estorbo? ¿Quién? Un creyente, un privilegiado sobre otros consiervos tuyos, por lo que han presenciado tus ojos, las revelaciones que has tenido, los favores que te ha hecho y a tu familia, apóstol, de los más respetados; lo que tú digas es ley para los hermanos, como si oyeran al mismo Jesús. Por todas esas razones pudieras hacer mucho daño a la obra de Dios si Satanás te usa ¿quién mejor para estorbarla?

Oh, amado, quiero hacerte pensar en quién eres. Pedro dijo: ¿Quién era yo? No contestes que te llamas fulano con ojos claros y pelo color café, sino quién eres para el cuerpo de Cristo, el pueblo de Dios, para el reino, el significado que tiene tu vida dentro de la iglesia. Algunos podemos tener puntos comunes con Pedro. La pregunta te la haré yo, ¿eres un colaborador de Dios o un estorbo?

(1) ¿Contigo la obra del Señor recibe bendición y prospera o la estorbas? Pedro quiso decir: "Yo no me iba a oponer a los deseos de Dios, accedí, no lo obstaculicé"; es decir, hubo un momento cuando el Señor le dijo que fuese a predicar a un grupo de gentiles y él tuvo la posibilidad de ayudar o estorbar a Dios. Pedro dijo: Quién soy yo, y al verse quién era se dijo: "Mi lugar está a favor de Dios no en contra, debo cooperar con el Espíritu y no obstaculizarlo, no debo estorbar la salvación de otros como nadie estorbó la mía”.

(2) Dijo, "soy un creyente, soy un cristiano, y como respeto y cultivo mi fe no me opondré, así la de otros, mis prejuicios no serán un obstáculo para que otros se salven". Este es el nivel mismo para colaborar u obstaculizar a Dios. Ya bastante oposición tenemos con el mundo, con el diablo y con nuestras propias concupiscencias, para convertirnos en obstáculo para la obra de Dios.

(3) A la pregunta de quién soy, se respondió, soy un privilegiado sobre otros consiervos, he visto más que otros, he tenido tres experiencias espirituales con Cristo superiores a las que han tenido mis compañeros. He estado en el monte santo, he visto a mi Señor transfigurado y a Moisés y Elías bajados de la gloria, he testificado sobre la resurrección de una niña y he contemplado al Señor en su agonía íntima. ¿Qué más puede un discípulo pedir? No, no puedo obstaculizar la obra de Dios.

(4) He adquirido más conocimientos por revelación que otros discípulos. Otros han aprendido de carne y sangre pero a mí me lo ha revelado Dios. Yo he sabido antes que nadie, que mi Señor es el Cristo, el Hijo del Dios viviente. He subido en alas del pensamiento.

(5) He sido más favorecido que otros, yo, personalmente y mi familia. Cuando me ha hecho falta dinero, él me lo ha conseguido y cuando la enfermedad y la muerte las tuve en mi hogar, lo llevé y las echó afuera. Por tanto, no tengo valor para ser un obstáculo a la obra de Dios.

(6) Además, soy un apóstol, uno de doce, el más importante de ellos, es mucha dignidad para oponerme a la obra de Dios, ¡soy considerado una columna de la iglesia, y como tal no debo convertirme en un estorbo para Dios y para la iglesia! Lo contrario, que Dios y la iglesia cuenten conmigo.