martes, 8 de enero de 2013

Si sus enseñanzas perjudican los chicharrones, que se vaya



Mateo 8: 34
"Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos".

 Estaban tan oscurecidos que cuando una pequeña luz les resplandeció ante los ojos, quisieron que se apagara, escogieron seguir viviendo en la noche, siendo inmundos, con los diablos, búhos, murciélagos y muchos cerdos; pero vieron que la luz como el rayo, alumbra y mata. Con el primer indicio del evangelio, de Jesús, del Espíritu Santo, de la iglesia, del cielo, cierran las puertas como si viniera una fatalidad. Dijeron: "Así estamos bien, nos acostumbramos, no nos hace falta nada mejor”. Le dijeron a Jesús, "por favor vete de nuestras fronteras, de nuestros contornos, no queremos la influencia tuya; haces bien pero nos perjudicas, la transformación de las personas perjudica nuestro negocio". Y Jesús se marchó. No volvió más. (Hch. 19: 23-27).

Y la población volvió a ser como antes, siguió en su rutina, los ladrones mirando, los adúlteros adulterando, las rameras vendiendo sus cuerpos, los ebrios en las tabernas, los jugadores en los casinos, la prensa liberal buscando el pecado de los ministros y  oponiéndose a la fe, los alcaldes aceptando sobornos, la prostitución reconocida, las clínicas de abortos recibiendo a niñas embarazadas, los políticos corrompiéndose, y en fin, el cristianismo pasando malos ratos con los nuevos escándalos de los tele-evangelistas y los sacerdotes abusando de niños.

Cada día se hace más difícil la evangelización porque la gente descreída no confía en los predicadores y los tilda de manipuladores y aprovechados, y la sociedad está de acuerdo que le cierren las puertas a Jesús y se le eche de la vida pública, los colegios, de los medios de difusión masiva y de la educación familiar. La economía es más importante que él, y si las enseñanzas suyas perjudican la manteca de puerco, los chicharrones y los bistecs fritos, entonces que se marche y no vuelva más por ahí.