sábado, 5 de enero de 2013

El diablo conoce nuestras patologías, no mejor que Dios



Job 1:10

¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. 11 Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia”. 

No es seguro que si uno pierde la bendición de Dios, o él se la quita, vaya a blasfemar a Dios. Job no lo hizo; pero el diablo sabe que cualquier pérdida produce una crisis y dentro de ella se anida la posibilidad de hacerlo, se hace propenso a acusar a Dios, culparlo, corregirlo y regañarlo. Ningún ser viviente conoce mejor la sicología humana que el diablo. Nuestras patologías.   

El ojo satánico siempre se halla puesto en la protección que Dios nos pone y desea que ella sea retirada. Dios no nos quita su protección porque el diablo se lo pida sino porque damos ocasión. Nada puede contra alguien perennemente santo. Otra cosa es que el diablo afirma que un hombre santo es un hombre trabajador, como lo era Job  y lo que tenía era un producto de su trabajo, bien hecho. Y no solo eso sino con la bendición de Dios; sin ella no hubieran aumentado tanto sus bienes, pero bendecido ellos se multiplicaron. Job trabajó mejor que sus vecinos. Lo primero que Dios protegió fue a él, después su casa, y después sus propiedades.   

Hay una observación en el título de esta nota, Dios conoce mejor que el diablo nuestra personalidad, y por lo visto con Job se equivocó. Temporalmente perdió su protección, sufrió un largo y tristísimo período, pero no se rebeló contra Dios. El diablo le hizo daño pero no lo convirtió en un infiel. No pudo calcular hasta dónde se puede extender la fidelidad de un creyente. Es que no puede comprendernos completamente. Quizás algún día comprenderemos que fuimos más fieles de lo que imaginamos, y tuvimos en el corazón más fe que la que hemos visto y que la que el diablo hubiera querido.