jueves, 17 de enero de 2013

Dudas sobre el más allá



Mateo 16:1-4  
 “Entonces los fariseos y los saduceos se acercaron a Jesús, y para ponerle a prueba le pidieron que les mostrara una señal del cielo. [2] Pero respondiendo El, les dijo: Al caer la tarde decís: "Hará buen tiempo, porque el cielo está rojizo." [3] Y por la mañana: "Hoy habrá tempestad, porque el cielo está rojizo y amenazador." ¿Sabéis discernir el aspecto del cielo, pero no podéis discernir las señales de los tiempos? [4] Una generación perversa y adúltera busca señal, y no se le dará señal, sino la señal de Jonás. Y dejándolos, se fue”.

Amados hermanos, estamos hoy de nuevo frente a la incredulidad personificada por los fariseos y saduceos (v.1). Ya en el capítulo 12 nos encontramos lo mismo y la respuesta del Señor fue casi igual, quizás un poco más amplia, parece que les repitió lo mismo en varias ocasiones con alguna variación según la ocasión.

Jesús no cambia su respuesta: no habrá para ellos señal porque realmente no la piden para creer, la información sobre sus milagros era abundante, y muchos, o casi todos se habían hecho en lugares públicos y ante los ojos de ellos, otro más era innecesario y provocativo; creo que no para verle fracasar sino para que hiciera alguna obra que el Padre no le había dado que hiciera, una señal que le era pedida por la misma boca de Satanás, una señal que lo hiciera pecar y que le destruyese su ministerio.

"Tentarle" lo tomo más que para acusarle, o para aceptarle si pasaba la prueba, lo tomo en un sentido para provocarle espiritualmente contra Dios, como una maniobra luciferina (Mr.8:12), dice que el Señor "gimió en espíritu"; esta expresión de tan hondo dolor no provenía de cólera, no la indignación ni fastidio por la incredulidad de ellos, no era de repugnancia por una actitud detestable, era dolor porque se le pondría en una situación de pecar; ya que hasta el momento no lo habían podido destruir con la maquinaria política, Satanás desea hacerle pecar.

Pero no habría señal para ellos, Jesús no complacería ni al demonio ni a la incredulidad. Pedir señal para creer es tentar al Señor, ni aunque sinceramente se le pida a Dios, la incredulidad no se quita del corazón con esa medicina, es por la palabra de Dios, la cual el Espíritu Santo aplica al corazón. Amigo mío por sincera que sea tu petición: "Dios pruébame que tú existes" "pruébame que tengo alma, que voy a resucitar, que hay infierno, que los ángeles están acá abajo", por sincera que sea tu oración así, causará dolor al Señor y sonará a los oídos de Dios como si dijeras algo muy desagradable. El Señor te ayudará en tus dudas, si ve que sinceramente quieres creer y te aplicas al estudio de su palabra.

El Señor les promete una sola señal: su resurrección. ¿Quieres tener fe? Aplícate al estudio de ese hecho, lo hallarás en los últimos capítulos de los cuatro evangelios, en el primero de los Hechos de los Apóstoles y en casi todas las epístolas de Pablo, especialmente en 1Co.15. El mayor obstáculo para la fe es la muerte, humanamente  las demás cosas son menos difíciles de creer, que alguno habla lenguas extranjeras, que Dios lo sane, que le provea pan, que haya hecho el mundo, pero creer en la resurrección es algo difícil. Una persona puede rechazar la evolución de Darwin y aún no poder creer en la resurrección, la muerte es el mayor enemigo de nuestra fe. Si puedes creer en la resurrección de Cristo entonces tendrás fe en todo lo que hizo, lo que es y lo que dijo. Jesús dijo "la única señal que les daré será mi positiva resurrección", si hubieran podido acogerse a ese hecho habrían tenido una fe poderosa.

¿Por qué la muerte es el mayor obstáculo de la fe? (1) porque parece un punto final y que no hay continuidad. Nos parece que ella es "el fin", hace honor a su nombre "separación", porque separa tan radicalmente a la persona de esta vida y se la lleva tan lejos. Es un corte, una amputación, una frustración. Si se pudiera tener seguridad que no se trata de un punto final, que hay algo de nosotros que se perpetúa, que no son nuestros hijos, nuestras obras, y nuestra memoria, sino una parte aunque fuese espiritual de nuestro ser que prosigue, ese obstáculo sería vencido. Pero Jesús no mencionó la continuidad espiritual de nuestro ser, ni del suyo; la supervivencia del alma no es la victoria sobre la muerte, es la resurrección. Lo que quería no era que la supervivencia del alma fuese nuestra esperanza sino nuestra resurrección. (2) parecía desear que la muerte se aceptase, no como una realidad porque eso es obvio, sino como una sentencia, como una obra de Dios que nos impone su voluntad y su justicia. De ese modo desea no que se le mire de modo natural como un desenlace biológico sino como un decreto de Dios, el cumplimiento de su palabra dada al primer hombre. Mientras no aceptes contento la muerte, tomándola como el cumplimiento del deseo de Dios para tu vida, te acompañará  siempre el miedo a ella y persistirá el rechazo a su existencia. Cuando creas de todo corazón y se te quite el miedo dirás con fe como el apóstol Pablo "porque el morir es ganancia".

La verdadera fe acepta con gusto de Dios el hecho de vivir y el de dejar de vivir. Debe aceptarse como un acto justo por motivos de nuestras transgresiones y pecados, como algo que merecemos y mientras no veamos en ello un trato justo, y nos neguemos a someternos a nuestra desaparición, desactivación, como un total acatamiento a su ley, se le acusará de injusto o se le pedirá que cometa una injusticia al dejarnos vivir. Si se vence el concepto de la muerte como un desenlace natural, si renunciamos a nuestra existencia teniendo por buena y santa nuestra defunción, entonces la fe habrá triunfado y el miedo se extinguirá. (3) pero Jesús habló de que los fariseos podrían asegurar el futuro con predicciones sacadas de la observación de la atmósfera, entonces ¿no tenían ante sus ojos más evidencias de la vida futura que las que contaban para anunciar el tiempo? Tal vez las señales que pedían, como los saduceos venían en el grupo, eran señales sobre el futuro después de la muerte.

La respuesta de Jesús es que si ellos podían confiar en inseguras predicciones meteorológicas, más evidencias sobre el mañana, sobre el alma, sobre los ángeles, sobre la resurrección, les daba él, pero que sin embargo con una sola y última prueba tendrían una base segurísima sobre las realidades que no veían o no habían aún experimentado: su resurrección, y que el destino de ellos, el futuro, estaría asociado a lo que aconteciera en su propia tumba. ¿Qué más pruebas necesitas para estar seguro del más allá si tienes el regreso del cuerpo glorificado de Jesús? Ojalá pudiéramos creerlo.