domingo, 6 de enero de 2013

Obviamente, los rezos están desaprobados



Mateo 6: 7, 8
"Orando no uséis vanas repeticiones como los gentiles, que piensan que por su palabrería será oídos".

Realmente lo que Jesús dijo fue que los gentiles usaban "muchas palabras". En el texto “palabrería”, en dos manuscritos diferentes, uno indica muchas palabras, y el otro, balbuceos o sonidos repetidos sin ningún sentido. La repetición en los rezos de oraciones aprendidas, están incluidas en esta desaprobación. La esencia de la oración no son las palabras, la abundancia de ellas o su rebuscada elegancia, ni lo alto o bajo de la voz, ni siquiera en la explicación del caso sometido, sino en la fe en la Palabra de Dios.

La contestación no la trae la oratoria sino lo que se halla dentro. La oración no es un discurso que se le hace a Dios, a Dios no se le predica. La oración es la envoltura de la fe. La respuesta a nuestras oraciones pasa por la omnisciencia de Dios, que sabe todas las cosas. No sólo conoce lo que somos sino lo que necesitamos. El Señor no necesita que le informemos lo que necesitamos ni lo que deseamos. Entonces, ¿para qué orar? ¿No es mejor esperar en la providencia y dejar que el Señor se encargue de todo? 

No es mala idea porque en eso consiste la esencia de la fe, pero oramos porque lo necesitamos, necesitamos comunicarle lo que sentimos, lo que pensamos, desahogarnos, desarrollar nuestra confianza en él, conocernos a nosotros mismos y tener constancia de fe que él oye. Preocupémonos más por creer que por recibir, por la actitud con que estamos tomando el asunto. Si sosegadamente o con ansiedad.