jueves, 17 de enero de 2013

Es fácil cantar en la iglesia

Hechos 16:25-30
“A media noche oraban y cantaban himnos a Dios y los presos los oían”.

Es fácil cantar en la iglesia o en el hogar, o elevar alabanzas cuando uno está alegre como dice Santiago. Pero ¿en el calabozo de más adentro, en un pozo, un hueco oscuro, encadenados los pies y la espalda sangrando? ¿Por qué Pablo y Silas cantan y con qué propósito? ¿Porque ninguna herida es mortal? Algunas posibles razones pudieran ser no por gratitud, porque los han golpeado, los han sujetado en el cepo; no cantan porque están felices; cantan porque oran; los que oran pueden cantar aún en el dolor, y en la cárcel es una cosa extraña que alguien cante, cante canciones religiosas, después de ser torturado y no blasfeme, maldiga, jure y amenace, y eso a tan altas horas de la noche, las 12, y la razón que me parece más plausible es que quieren comunicarse con los otros presos, no por toques en la pared ni con mensajes escritos sino que en ese momento consideran que aquellos prisioneros son su auditorio y cuando el varón macedonio se les apareció en visión y le dijo “pasa y ayúdanos” estaba pensando en una mujer llamada Lidia de Tiatira, en el carcelero y algunos presos. La cárcel estaba incluida en el programa de Dios en Filipo, pero irían allí no como capellanes sino como presos y no como predicadores sino como dos cantantes cristianos y cantan las doctrinas de la salvación porque el carcelero les preguntó cómo se salva una persona.

Observa que aquellos himnos podían sustituir los sermones, contenían la palabra de Dios elaborada, si eran salmos elaborados, no letra por letra, elaborados con el evangelio y la experiencia cristiana, ampliados, de modo que no se notaba la ausencia de la predicación porque ellos la sustituían, algo así como “despiértate tú que duermes y levántate de los muertos y te alumbrará Cristo”. Algunos han supuesto que aquí se trata de alguna reminiscencia bíblica, o de algún libro apócrifo, o de algún otro escritor secular, pero otros autores piensan que se trata de un himno que la iglesia cantaba y que el apóstol les está diciendo: "¿Acaso ustedes cantan una cosa y viven otra?".

Hoy se han hecho populares himnos y coros que cuentan las superficiales experiencias de sus autores, que con demasiada frecuencia no son más que palabras vacías con las cuales en arrogancia, por no decir sacrilegio, han desplazado himnos con textura doctrinal que han compuesto los antiguos. Coros que pueden ser clasificados como los restaurantes de comida rápida, 7/11, porque tienen “seven words eleven times song”. Siete palabras once veces repetidas.

Sin embargo, Pablo canta otra cosa. He aquí un himno teológico.
 “E indiscutiblemente,  grande es el misterio de la piedad:
Dios fue manifestado en carne,
 Justificado en el Espíritu,
 Visto de los ángeles,
 Predicado a los gentiles,
Creído en el mundo,
Recibido arriba en Gloria” (1Ti.3:16).  
Un himno, pienso que lo es, que habla de los misterios de Dios, el don de la fe, del arrepentimiento, del bautismo, de los poderes del siglo venidero, del dominio propio, de la resurrección de los muertos, del juicio final; eran temas que mantenían a la gente despierta puesto que los presos los oían, no se dormían oyendo música cristiana; un no converso no se puede dormir oyendo himnos cristianos de salvación, no era buena música con letra barata, no era buena voz con letra cursi o afeminada. Cantaban, como decía José Martí, no “dolorcillos propios” sino los grandes misterios de la piedad.

Canten a cualquier auditorio aunque sea pequeño, innoble, inculto, como a presidiarios, a almas que tienen necesidad de salvación. Los verdaderos cantantes de Dios no escogen sus auditorios, Dios lo escoge para ellos, como al coro de ángeles que Dios envió a los pastores de Belén. Canten los cánticos de Sion (Sal.137:3), que son los que los babilonios quieren oír, necesitan oír, con la música y la letra de Sion. Babilonia tiene sus músicos, sus guarachas, sus merengues, su pop-music, su rap, ustedes no canten con la música de Babilonia sino la de Sion, la que hace contraste, la que ellos no tienen. Hagan conciertos no en los teatros, ni siquiera en las iglesias, los conciertos en las iglesias son nuestros cultos los domingos, canten en las cárceles, en los hospitales, canten en los centros comerciales, canten y vendan baratos los cánticos, por una blanca para que lo compre la viuda pobre o por un cuarto que es lo que valen dos pajarillos, o un cuadrante, un centavo, ¡no 50 dólares la entrada señores!, canten no para realizar una vocación sino para gastar esa vocación. Si uno canta para realizarse canta por causa de su nombre, para que rutile dentro de una constelación de estrellas usando como pretexto la música cristiana.   

Canten con la vida aunque sea para ingratos…


El ruiseñor y la rosa
(Oscar Wilde)
“-No necesito más que una rosa roja -gritó el ruiseñor-, una sola rosa roja. ¿No hay ningún medio para que yo la consiga?
-Hay un medio -respondió el rosal-, pero es tan terrible que no me atrevo a decírtelo.
-Dímelo -contestó el ruiseñor-. No soy miedoso.
-Si necesitas una rosa roja -dijo el rosal -, tienes que hacerla con notas de música al claro de luna y teñirla con sangre de tu propio corazón. Cantarás para mí con el pecho apoyado en mis espinas. Cantarás para mí durante toda la noche y las espinas te atravesarán el corazón: la sangre de tu vida correrá por mis venas y se convertirá en sangre mía.
Y cuando la luna brillaba en los cielos, el ruiseñor voló al rosal y colocó su pecho contra las espinas.
Y toda la noche cantó con el pecho apoyado sobre las espinas, y la fría luna de cristal se detuvo y estuvo escuchando toda la noche.
Cantó durante toda la noche, y las espinas penetraron cada vez más en su pecho, y la sangre de su vida fluía de su pecho.
Al principio cantó el nacimiento del amor en el corazón de un joven y de una muchacha, y sobre la rama más alta del rosal floreció una rosa maravillosa, pétalo tras pétalo, canción tras canción.
Primero era pálida como la bruma que flota sobre el río, pálida como los pies de la mañana y argentada como las alas de la aurora.
La rosa que florecía sobre la rama más alta del rosal parecía la sombra de una rosa en un espejo de plata, la sombra de la rosa en un lago.
Pero el rosal gritó al ruiseñor que se apretase más contra las espinas.
-Apriétate más, ruiseñorcito -le decía-, o llegará el día antes de que la rosa esté terminada.
Y la rosa maravillosa enrojeció como las rosas de Bengala. Purpúreo era el color de los pétalos y purpúreo como un rubí era su corazón.
Pero la voz del ruiseñor desfalleció. Sus breves alas empezaron a batir y una nube se extendió sobre sus ojos.
Su canto se fue debilitando cada vez más. Sintió que algo se le ahogaba en la garganta.
Entonces su canto tuvo un último destello. La blanca luna le oyó y olvidándose de la aurora se detuvo en el cielo.
La rosa roja le oyó; tembló toda ella de arrobamiento y abrió sus pétalos al aire frío del alba.
Canten con todo el corazón, con toda la sangre y el alma, con hemoglobina…