viernes, 25 de enero de 2013

No es lo mismo echar fuera un demonio que echar fuera el pecado



Marcos 3:27
“Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes si primero no lo ata; entonces podrá saquear su casa”.

Pienso que es menos útil para el día de hoy en la iglesia echar fuera demonios que atarlos, resistirlos (Sgo.4:7; 1Pe.5:8,9) y no darles lugar (Efe. 4:27). Estas palabras se refieren principalmente al diablo, como un hombre fuerte que debe ser atado si es que uno quiere meterse dentro de su propiedad y quitarle el precioso tesoro que como un ladrón ha robado a Dios. ¿Cómo se rescatan las almas? ¿Echándole fuera algún demonio al padre o a la madre? Pudiera ser si da señales de habitar en su cuerpo alguno. Aunque no es probable que la sanidad de un miembro de la familia traiga a los demás miembros de rodillas ante Jesús. Ni siquiera el endemoniado sanado es seguro que cuando se halle en sus cabales escoja vivir piamente y reciba la gracia para no ceder a las insinuaciones conscientes de la carne. Ni tampoco que el demonio no vuelva aunque la casa se halle barrida y adornada. Su postrer estado puede llegar a ser peor que el primero.

Por otra parte, no todas las personas están endemoniadas. También puede estarlo sin que nadie lo note, como aquel que asistía a la sinagoga en Capernaúm. En fin, que el echar fuera un demonio  hoy día, aparte de la salud física del beneficiario, si es que no se mete en pecados contra su propio cuerpo, sería casi inútil.

En cambio, el resistir al diablo sí es de provecho porque va acompañado de un sometimiento a la voluntad divina y porque el diablo huye (Sgo.4:7) Cuando el diablo es expulsado de alguien, puede volver a tomar posesión de él, pero cuando huye no regresa porque teme. Es más beneficioso para una iglesia que el diablo huya de ella y no que se le expulse sólo por un tiempo y regrese enojado y con otros demonios.  De igual manera mejor que echar fuera un demonio es no darle lugar (Efe.  4: 27) porque cuando se echa un demonio fuera no se echa el pecado en cambio cuando se le da lugar al diablo son muchos los males que una familia o iglesia sufre. 

Por el contexto el apóstol se refiere al enojo prolongado, la ira incontenible, las palabras corrompidas o violentas, los gritos, las calumnias; todo eso ofende a Dios y pronto se aparta de la congregación y deja que el diablo se meta entre ellos. Esas cosas dan lugar al diablo para que entre y trabaje en familias enteras y haga que se consuman los unos contra los otros y se devoren recíprocamente. Y junto con esos pecados vienen otros que da horror nombrarlos.

Por último echar fuera demonios es oponerse a las doctrinas de los demonios (1Ti.4: 1). El echar fuera demonios fue una señal para que los discípulos certificaran el evangelio y la vocación ministerial pero, establecida la autoridad divina del evangelio, ya desde los tiempos apostólicos ha sido  más útil para la iglesia combatir las falsas enseñanzas que Satanás propone cuando pone la mira en las cosas de los hombres y no en las de Dios. Mejor que echar fuera demonios es  "probar los espíritus" (1Jn. 4:1) o descubrir a los demonios. No sacándolos del cuerpo de alguna persona sino expulsándolos de la enseñanza doctrinal de la iglesia; y es una labor importante de los maestros, pastores y todos los que enseñan, instruir correctamente. Lo que sigue después de este versículo es una indicación de cómo descubrirlos en ciertas herejías.

Cuando el apóstol habla de doctrinas de demonios se refiere en específico a dos enseñanzas, celibato y la abstención de alimentos. Si es importante para algunos "profetas" descubrir a los demonios en las convulsiones y ataques de alguna gente, debiera serlo también detectarlos en las enseñanzas y atacarlos con igual vigor. ¿No es lo que se ve, mucho celo para echar fuera demonios con poco amor por la verdad para ser salvos? Es interés supremo del Espíritu que su iglesia se mantenga doctrinalmente sana. Mejor que echar fuera un demonio o dos es escribir contra el anticristo que afirma que Cristo no ha venido en carne y contra Alejandro el calderero que se opone a las enseñanzas de Pablo.

Ojalá llegue el día en que todos los santos ministros del evangelio dejen a un lado el uso de los dones milagrosos, si es que los tienen, y se dediquen como Pablo a hablar cinco palabras con el entendimiento más que cinco mil sin ellas, a orar por los enfermos y enviarlos al hospital, y nos dediquemos a predicar a Cristo y éste crucificado, entonces, sólo entonces, las puertas del hades no prevalecerán contra la iglesia.