miércoles, 23 de enero de 2013

Una dama como en ajedrez es reina



Ester 2:16,17
"16 Fue, pues, Ester llevada al rey Asuero a su casa real en el mes décimo, que es el mes de Tebet, en el año séptimo de su reinado. 17 Y el rey amó a Ester más que a todas las otras mujeres, y halló ella gracia y benevolencia delante de él más que todas las demás vírgenes; y puso la corona".

La ausencia de vanidad de Ester, su docilidad, naturalidad, unido a su sencilla belleza, hizo que el rey se enamorara de ella. No fue probablemente, porque "le dio una noche maravillosa", porque para un hombre acostumbrado a tantas mujeres eso no era un punto decisivo para su elección. La mujer cristiana es la única que puede satisfacer los anhelos del alma de un hombre. Ester era la mujer adecuada no para pasar una noche sino para vivir a su lado. Dios hizo la mujer para que el hombre  y ella se sintieran bien, especialmente en sus vocaciones.

Vea la mujer virtuosa en Proverbios 31. Fue una mujer para una vida maravillosa, para un matrimonio maravilloso, una madre maravillosa, para criar hijos maravillosos; no para formar una pareja como ese le llama, sino para constituir con ella una sola carne, una sola mente, para conquistar el triunfo, una mujer que ha hecho morir lo terrenal en ella, que busca las cosas de arriba no las de la tierra, que quiere constituir una familia; en una palabra, no es concubina, es bienaventurada, es dama que en ajedrez es lo mismo que reina  (v.11).