martes, 1 de enero de 2013

Vino añejo para año nuevo



Lucas 5: 39
"Y ninguno que beba del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor” (Luc.5:39).

Esta expresión del Señor ya se sale de su explicación anterior, nada tiene que ver con la respuesta a la pregunta sobre el por qué sus discípulos no ayunaban. El vino nuevo tiene que depositarse, forzosamente en odres nuevos  para que al fermentarse no rompa el depósito y se pierda. Pero ¿qué pasa con el vino viejo? Lo mismo se puede quedar en su viejo odre que depositarse en uno nuevo. Es el mejor.

Yo veo, mis hermanos, si me permiten separarme de la exposición, una metáfora encantadora para darle título a un libro y hacer su presentación. Es para mí una alegoría hermosa donde el odre viejo es mi Biblia y el vino añejo sus verdades. ¿Les gusta? Quiero pues, que dejando a un lado la prohibición humana de beber vino, hagan una excepción y vengan a embriagarse conmigo, en éste en el cual “no hay disolución” y que alegra tanto el corazón. Tomen mi copa, este primer día del año, la de la bendición y apuren su contenido a mi lado, gozándonos deliciosamente con su Espíritu y sabor.

¡Oh qué sabroso es el vino añejo de las Escrituras! ¡Qué superior es él a las novedades que presentan los hombres en sus botellitas contemporáneas! Hagamos una fiesta espiritual e invitemos al padre y a la madre, que vengan los hermanos y juntos saboreemos las delicias que nos entregan los frutos del Valle de Escol.

Cantemos de pura dicha, cuando la mistura del evangelio haya penetrado nuestras mentes y nuestras lenguas se suelten en alabanzas. Meditemos en compañía de todos en aquellas antiguas verdades, escritas hace ya muchos siglos, exprimamos en oración, bajo el apresto del evangelio de paz, hasta que se llene nuestro lagar y tengamos para cada comida, para cada cumpleaños, para consumir la familia y para vender sin dinero y sin precio a nuestros vecinos, parientes y amigos. Estoy seguro que de todo el licor que se expone en el mercado religioso actual, el vino añejo hecho por Jesucristo, contenido en los odres del puritanismo, del calvinismo, que no es de Calvino sino de Jesús, es el mejor. Lo que sea nuevo en el cristianismo, es herejía. Lo añejo es lo mejor.