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viernes, 11 de febrero de 2011

Hambre de Autoridad

¿Quién es el mayor?
(Mt. 18.1-5; Lc. 9.46-48)

33 Y llegó a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino? 34 Mas ellos callaron; porque en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor. 35 Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos. 36 Y tomó a un niño, y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo37 El que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí sino al que me envió.


Parece que la disputa sobre quién de ellos sería en el reino de los cielos el mayor, y la consecuente respuesta, provino porque uno de ellos interrogó a Jesús sobre los pensamientos que estaban teniendo, y querían saber cada uno cuál puesto le daría en su inminente reino (Luc. 9: 47; Mt. 16:19-28). Las pretensiones de ellos fueron rechazadas y un poco más adelante se les explica que el camino hacia la grandeza no se usurpa ni se regala, sino que se trabaja en el servicio de los demás, cuesta oración, lágrimas y sudores (10:42-45). Cristo estaba buscando nuevos obreros y esclavos para su iglesia y no nuevos dueños. Y para ilustrar lo que estaba diciendo, porque quería que lo entendieran bien, tomó un niño consigo y se pusieron en medio de ellos, diciéndoles que debían dejar la arrogancia y el querer que los demás les sirvieran, y fueran tan humildes como los niños.


Jesús interfería en las ambiciones eclesiásticas que desde un principio del cristianismo sus pioneros sentían, y porque algunos quizás se involucraban en su movimiento aspirando a plazas y puestos importantes, que si bien no fueran pagados con dinero, los honorarios resultaran en aplausos, vítores, reconocimientos, y en poder dar órdenes a los demás como si fueran subalternos y empleados. La iglesia como la presenta Jesús no es un sitio para realizar personalidades frustradas ni enfermas con megalomanía, manía de grandeza, queriendo siempre estar en la cúspide de todos como señorones y no como esclavos de los demás.


Es cierto que nuestro Señor distribuyó responsabilidades en su iglesia y concedió autoridad a algunos para que fueran sus pastores y obispos, pero tampoco se refería a que gobernaran la iglesia como se gobierna las naciones, y los ciudadanos o por lo menos los reyes gobernaban a los otros como súbditos dispuestos para complacerlos. Jesús les dijo que se les quitaran de la cabeza esas ideas de lo que hallarían en la organización de su Cuerpo que es la Iglesia universal, que no existía un trono porque el único existente no se hallaba en la tierra sino en el cielo, pero sí encontrarían abundancia de lebrillos, toallas y agua para lavar los pies de los otros. Y si alguien quería entrar por aquella puerta estrecha, y también baja, tenía que inclinar la cabeza y ya ir poniéndose en fila para recibir órdenes bíblicas. Y ése espíritu de servidumbre no debe desaparecer jamás especialmente de la mente y el corazón de los que son llamados para cuidar de alguna manera a los otros, los cuales el Señor se los concede para que completen en ellos los que le falte a la fe y la salvación, y no para que dispongan a su antojo.


No hay cosa que cuadre menos a una personalidad que dirige la iglesia que la soberbia y que trate a sus hermanos como si ellos tuvieran que darle culto. Jesús dijo que el mismo principio de humillación que hay que aplicar en la conversión al entrar al reino es con el mismo que hay que continuar cuando se pertenece a un grupo cuya misión es el servicio y no destacar figuras, que en otro cielo si fueran estrellas, no alumbrarían. Muy mal hacen los que ávidos de talentos para extender el reino de los cielos invitan a cuantos conocen para que se acerquen a ejercer sus dones, porque cuentan con un grupo para dárselos, donde hacer sus exhibiciones y satisfacer el hambre que traigan de autoridad.

lunes, 7 de febrero de 2011

Adán y Eva no saltaban de rama en rama

Job 31:13-15
“Cuando ellos contendían conmigo,  ¿qué haría yo cuando Dios se levantase? Y cuando él preguntara, ¿qué le respondería yo? El que en el vientre me hizo a mí, ¿no lo hizo a él? ¿Y no nos dispuso uno mismo en la matriz?”. 

¿Qué derecho tiene un esclavo? Donde hay cristianismo no debe haber esclavitud. Job responde que el derecho de sus esclavos es el mismo suyo y que tanto ellos como él fueron creados por Dios. Job se adelanta a su época, y si no dio la libertad a los que había comprado con su dinero, en su casa ellos gozaban de igualdad de derechos. El derecho de un esclavo es el mismo de un hombre libre. Lo que quiere decir es que en su casa ellos gozan de igualdad humana. No es menos ser humano un esclavo que un liberto, un empleado que el dueño. Este derecho e igualdad lo tiene todo hombre por ser igualmente creado por Dios (Hch.17:26; Sgo.3:9).

¿Qué favor o recompensa le hacen los evolucionistas darwinianos  a la dignidad humana si prefieren descender de los simios que reconocer que han sido creados a la imagen de Dios? Si se educa a una generación diciéndole que Adán y Eva es una mentira, que la verdad es que el hombre es un animal evolucionado, que no hay tal cosa como un Creador de los hombres, que todos descendemos, o ascendemos de coacervados, parásitos y bestias, no es extraño que rebajada tanto la dignidad del hombre este tienda a comportarse como sus ancestros, irracionalmente y dar culto y explotación al cuerpo sin alma ni semejanza con la deidad.

¿De qué dignidad más elevada se puede hablar que la de haber sido creados por Dios, todos iguales?  Que hablen así todas las constituciones nacionales. Si los hombres no respetan a Dios porque no creen que lo haya, ¿cómo se respetarán entre ellos mismos? Si el hombre no es más que un animal evolucionado, pero siempre un animal superior y desarrollado, ¿es cosa extraña que no halle justificación para no robar, matar, y fortalecerse para consumir a los otros y pelear por la supervivencia? Algo andará siempre mal si definimos al hombre como sólo un animal con sabiduría. Si en verdad fuéramos animales desarrollados no tendría ningún inconveniente en aceptar a mis ancestros pero no tendría la gloria que tengo al pensar que he sido creado por un Dios sabio y bueno y que me hizo parecido a sí mismo. Me robarían la admiración de ser hombre.

Cuando los hombres se consideran animales bípedos, y se les explota sin humanidad, y llegados hasta ese punto por un largo y terrible recorrido de selección natural de adaptación y fuerza, no es extraño que se discriminen entre ellos mismos, se masacren, difamen y se entreguen a pasiones bestiales contra las cuales pudieran usar la razón humana para resistirlas, y el Espíritu de Dios para cambiarlas (Jud.1:10). No somos una manada de monos erguidos, y Adán y Eva no saltaban de rama en rama comiéndose una banana.

sábado, 5 de febrero de 2011

Memoriza Filipenses si quieres, pero…


Marcos 8:15-21

Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes.16 Y discutían entre sí, diciendo: Es porque no trajimos pan.17 Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Qué discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón?18 ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis? 19 Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Doce.20 Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Siete. 21 Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis?”.


Si batallar contra la incredulidad fue la tarea más difícil que como predicador Jesús encontró, los otros dos obstáculos o más bien peligros que sus discípulos encontrarían, fueron las doctrinas o enseñanzas, y la hipocresía de ellos. Esos dos males Jesús los compara con la levadura que sutilmente pudiera ir penetrándolos y sin darse cuenta ellos quedar contagiados con la misma enfermedad.


En el evangelio según Mateo en vez de Herodes se dice "los saduceos" (Mt. 16:6,12). Los tres grupos compartían las mismas epidemias y aunque por dentro eran enemigos, por fuera habían hecho un bloque de tres para enfrentarse a Jesús. Las doctrinas de ellos no concordaban entre sí. Los fariseos creían en la resurrección y en la existencia del espíritu humano. Los saduceos negaban ambas cosas. Y Herodes era más político que otra cosa y tenía partidarios en su política que lo apoyaban entre los judíos y estaban de acuerdo en la recogida de impuestos, y leudar a los judíos con sus doctrinas de sumisión al poder extranjero.


Ellos fueron los que se confabularon para hacerle aquella peligrosa pregunta a Jesús si se negaba a pagar impuestos o los aprobaba, con el fin de buscarle problemas con las autoridades o con el resto del pueblo (Mt. 22:15-18). Tal vez los herodianos estaban más apegados en sentimientos a los saduceos y sus doctrinas que a los fariseos y las suyas. Pero cada cual tenía su propio interés en este momento y el bien común era combatir a Cristo. La orientación de Jesús fue en este triple sentido, neutral, que rechazaran las doctrinas políticas de unos, las enseñanzas seculares y escépticas de otros, y la descarada hipocresía de los tres partidos influyentes en la población. Ellos serían por su limpieza moral y doctrinal la mejor alternativa para su sometido pueblo.


No obstante era más fácil guardarse de esas malas influencias que entender las Escrituras. Y lo pongo de esa manera porque de nuevo el Señor vuelve a referirse a los milagros de la multiplicación de los panes y los peces, por cuanto ya eso era historia bíblica en la experiencia cristiana de ellos y el hecho de "recordar" (v. 18) es como releer el evangelio. Aquellos sucesos se hallaban en la memoria, eran cosas que habían aprendido pero que no formaban todavía parte en la fe de ellos, de la revelación de quién era Jesús y lo que él podía hacer.


Si alguno les hubiera preguntado sobre esos dos acontecimientos de modo histórico ellos podían contarlos palabra por palabra y coma por coma, porque estaban recientes en la memoria. No es tan difícil archivar la Biblia en la memoria como discernir espiritualmente su contenido. No habían empezado a desarrollar una vida de fe en él, y como no aplicaban lo que sabían, de modo espiritual, continuaban con sus preocupaciones con respecto al pan y al olvido en comprarlo. Les faltaba entendimiento espiritual, que es un ingrediente importante en la lectura de la Biblia y en el nacimiento de la fe, y no puede ser aprendida verdaderamente sino con mucha oración y la "suministración del Espíritu Santo".


Realmente no entendemos las Escrituras hasta que con sus materiales sagrados se consiga una fe práctica sin incertidumbres ni hipocresías. Leer bien la Biblia es algo más que aprender versículos de memoria y recordar sus historias, sino tenerla presente dentro de una memoria espiritual (no situada precisamente en el cerebro), que coloca sus porciones a propósito y adecuadamente según la situación lo requiera, y es fuente de inspiración propia, y para aquellos con quienes se comparte. La letra de la Escritura no es todo sino lo que está debajo de ella, la intención de su Autor.


Eso significa que una mente puede tener una gran capacidad de acumulación de textos bíblicos, que yazcan inertes en su interior, y sacados en retahíla por su dueño, sin que el “ave de muchos colores” es decir, el vanidoso papagayo obtenga fruto alguno. No estoy elogiando la inutilidad de la memorización de la Escritura sino advirtiendo, que se pueden bambolear en las astas del recuerdo las banderillas de kilométricos pasajes bíblicos, y filacterias agrandadas, con el único resultado que tiene la ciencia cuando abunda, hinchazón o inflación (1 Co. 8:1). Jesús les dijo que ya tenían tiempo y documentación suficiente para entenderlo y leer con provecho los hechos de su historia sagrada. El asunto no está solamente en lo que se aprende sino en lo que se hace con lo aprendido.

viernes, 4 de febrero de 2011

Jesús y la corrupción mental

Marcos 7:1-30

14 Y llamando a sí a toda la multitud, les dijo: Oídme todos, y entended: 15 Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre. 16 Si alguno tiene oídos para oír, oiga. 17 Cuando se alejó de la multitud y entró en casa, le preguntaron sus discípulos sobre la parábola. 18 Él les dijo: ¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar,19 porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina? Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos. 20 Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. 21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios,22 los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez.23 Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre. 24 Levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón; y entrando en una casa, no quiso que nadie lo supiese; pero no pudo esconderse. 25 Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se postró a sus pies.26 La mujer era griega, y sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio. 27 Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. 28 Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos. 29 Entonces le dijo: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija. 30 Y cuando llegó ella a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija acostada en la cama”.


Jesús enseñó, aun teniendo en cuenta su amabilidad, la total corrupción del corazón humano, aunque cause náuseas y humillación. Según la realidad de como Jesús nos miraba por dentro, lo que metemos y sacamos, “la jactancia queda excluida”. Una religión humana que abarque sólo formas,comidas, días festivos, y ritos o cumplimientos de deberes, puede convertir a sus seguidores en arrogantes, pero jamás el evangelio de Jesucristo. Las buenas nuevas de la gracia anunciadas por Jesús no se encuentran en una teología adulona que suaviza la catástrofe que produjo la caída de Adán, y dice hallar dentro del corazón del hombre alguna cosilla que haya quedado sana.


Jesús no dibujaba de forma romántica el corazón humano sino más bien como algo peor a un depósito de excrementos, o un lugar árido y apartado que es lo que la palabra letrina significa. Los predicadores de teología arminiana pudieran horrorizarse al escuchar de los mismos labios del Salvador de ellos, que la mente humana hiede (el corazón, la carne, como quiera llamarle), que está completamente infestada, y que la ley de Moisés o cualesquiera otros mandamientos humanos son ineficaces para extirpar del interior de todos los hijos de Adán esos vicios y malas inclinaciones, y enderezar social y espiritualmente la conducta.


Si la evangelización de los pecadores no se aproxima a ellos con esta situación en mente, sus logros serán superfluos. La evangelización y la santificación de la iglesia deben enraizarse en la realidad que ante Dios el corazón humano está perdido, por todas esas acusaciones que Jesús le hace. La conducta humana lo que necesita es un trasplante de corazón, o una metamorfosis, lo que se llama una regeneración, la hechura de Dios de una nueva criatura.


Queda claro que la oposición de Jesús a que se enseñen mandamientos humanos, que busca darle rodeos a una total perdición, en vez de la Palabra de Dios, se debe a que se hacen nulos los resultados para los cuales Dios la envío. Invalidar el mandamiento de Dios significa no sólo una sustitución del mismo, sino que es un equivalente en resultados a dejar la personalidad humana intacta y sin cambio. Lo único que puede penetrar el corazón endurecido por el pecado humano y llegar hasta sus íntimos pensamientos y los tuétanos, es la palabra de Dios.


La imagen fotostática que Jesús hace del corazón del hombre no es de un órgano enfermo sino más bien muerto y que hiede, y todas esas cosas que menciona, malos pensamientos, adulterios, homicidios, avaricias, envidias, soberbias, cosas que se execran, son evidencias de su total descomposición. La forma de la religión solamente pule el sepulcro pero no lo limpia por dentro. Si algún escritor dijera en su ardor doctrinal que Jesús era calvinista, sería un horrible fanático, pero sí es correcto si dice que así de ese modo, con una depravación total, explica el corazón el calvinismo. Si alguno anda buscando de dónde el apóstol Pablo, cuyos escritos son el cristianismo, de dónde sacó su doctrina que el hombre nace muerto en delitos y pecados (Efe. 2:1-5), tiene que pensar que el evangelio que Jesús le reveló, y no nombre, no fue otro que el que predicó en el mundo entero (Ga. 1:11-12).


Dejando el auditorio judío Jesús se trasladó a las partes más altas de Galilea de los gentiles donde se encontraban esas dos ciudades pobladas mayormente por griegos o por "perros" como los judíos solían llamar a los que no pertenecieran a su nación (v. 27). Tal vez se recogió tan afuera de los suyos por lo incómoda que ha de haberse puesto la situación por sus últimas palabras sobre la depravación total del corazón, que chocaron profundamente contra el orgullo humano. Jesús nunca dio muestras de querer hacerse un predicador popular, y en ese sentido advirtió a sus apóstoles que desconfiaran de la fama (Luc. 6:26), que suele acompañar a las predicaciones con teologías falsas. Jesús predicaba para salvar porque era el Salvador. Su meta siempre fue tocar el corazón humano, meter su mano dentro de él y sacar toda sociedad que impidiera hacerlo su morada.


Y ya entre ese tipo de gente desconocedora de la Palabra de Dios y sin la ética de verdaderos creyentes, fue que se apareció esta mujer trayendo consigo el problema de su hija enferma, y la expuso a ella, una gentil, al mismo procedimiento de salvación, humillándola, y le llamó perrillo. Jesús califica a esta mujer del mismo modo que a su pueblo, y aunque su teología va envuelta dentro de un estuche racial, su respuesta fue superior a los de su nación, no de enojo y desacuerdo sino de asentimiento y fe. Ella quiso responderle, “sí, somos como tú nos calificas, bárbaros, sin la ley de tu Dios así nos hemos puesto, perrillos que reciben migajas, pero danos esas que te sobran de los judíos, migajas de salvación". No discutió sobre si su definición era étnica y racista, ni se sintió ofendida con la comparación sino que la tomó como una verdad espiritual y por eso fue salva, porque la salvación viene de los judíos y discutiendo sobre méritos humanos y sobre el valor de su cultura nadie va a la gloria.


Este evangelio no contiene esas palabras pero Mateo sí, Jesús le dice "oh mujer grande es tu fe" (Mt. 15:27,28); contrastando el producto de la predicación, que describe la conducta humana como completamente corrompida, a la reacción violenta de los que supuestamente ya eran hijos de Dios y no perros. A partir de ese entonces esa gente quedaba avisada y los discípulos aleccionados que el evangelio sería compartido con el mundo. Aquellos apóstoles influidos por esa clase de teología real y áspera, que con el desarrollo de los siglos ha venido a llamarse doctrinas de la gracia, contendían con el diablo por medio de la Palabra de Dios, para transformar la mente y vida de hombres y mujeres, sean judíos, griegos, bárbaros o escitas, y siervos o libres (Col. 3:11).

martes, 1 de febrero de 2011

Transitar en calma sobre las olas salvajes de este mundo


Marcos 6:45-52

(Mt. 14.22-27; Jn. 6.15-21)


45 En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. 46 Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar; 47 y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra.48 Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar, y quería adelantárseles. 49 Viéndole ellos andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma, y gritaron;50 porque todos le veían, y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! 51 Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento; y ellos se asombraron en gran manera, y se maravillaban.52 Porque aún no habían entendido lo de los panes, por cuanto estaban endurecidos sus corazones”.


Hay una conexión entre esta experiencia de los discípulos y la alimentación de los 5000 hambrientos, y el descuido de ellos al no abrir bien los ojos para ver en lo que estaban tomando participación. Como las experiencias espirituales lo mismo que la fe se sitúa una sobre otra, si la de abajo no se completa la segunda menos, y así la persona puede vivir muchos momentos gloriosos y no enterarse de ellos, quedándose sin provecho espiritual como si no les hubiera ocurrido. Eso pasó con la caminata de Jesús sobre el mar. Nuestro Señor se les volvió a revelar con mucho de su gloria, y les hizo bien pero limitado.


Es notable que esa manifestación gloriosa sucedió después que estuvo una noche sólo hincado de rodillas (vv. 45-47), como si viniera de la gloria del Padre y le acompañase aún su gloria, dejada por la encarnación. No es el caminar de un ángel ni el deslizamiento de un espíritu sino la marcha de Dios sobre las olas. Parece que su estancia celestial en la oración fue temporal y en espíritu, como si saliera de su cuerpo; y en su salida de este mundo y como si todavía no hubiera dejado el otro, cuando sus discípulos lo vieron acercarse a ellos.


Se nota que las veces que Jesús saca a sus discípulos de un atolladero y se identifica no se llama a sí mismo diciéndoles, "tened ánimo soy Jesús, no temáis" sino que les dice "Yo Soy" (v. 50), sólo le faltó decir "el que Soy” para que quedara completa la frase "yo Soy el que Soy". ¿Cómo es que les dice "yo soy" cuando ellos piensan que es un fantasma y no lo ven bien? Pudiera ser que esperara que ellos reconocieran su voz o pudiera ser, me parece a mí, un poco emocionado, que les quiere decir "Yo Soy el que es, el que era", porque Jesús en ese momento volvía del cielo, de estar dentro de la "naturaleza divina", y responde como lo que él es, "él Verbo que estaba con Dios" y "el Verbo que era Dios". Es una expresión reminiscente de deidad (Jn. 8:58; 18:5,6).


¿Un fantasma? Dicen ellos. No, los fantasmas existen sólo en las mentes de los ignorantes y en las historias infantiles. No era un espectro, no era un espíritu, era Jesús. Era correcto decir que era un hombre que avanzaba sobre la superficie del agua pero ¡qué hombre! Con mucho de él desconocido, a no ser su carpintería y los parientes. Eran discípulos de aquel Misterio, que pisaba más seguro sobre el agua que una barca.


Las palabras de Jesús no fueron un regaño, las del v. 52, son un comentario del evangelista no del Señor. Él dijo, "¡tened ánimo, no temáis!" (v. 50) y con esas cuatro palabras les corrigió la doctrina, les quitó los temblores y todas las fobias. He ahí mostrado el amor de Jesús para sus discípulos, no sólo para dar su vida por la salvación de ellos sino para que tengan un conocimiento correcto y estén tranquilos y sin miedos. Aunque no se nos quitan los miedos nunca.


Como antaño también ahora esos dos gusanillos, el desánimo y el miedo, suelen devorar el alma moderna que por muchas comodidades y placeres que tenga, no se puede librar de ellos dos que se alternan y a veces invaden juntos el espíritu, ya se halle la persona en reposo o en sus labores. Parece que nos hace falta un poder divino sobrenatural que salga desde la boca de Dios y nos repita muchas veces lo mismo, “no se desanimen y quítense el miedo, vengan de donde vengan esos dos males no le abran la puerta del alma, que son intrusos y yo quiero que estén fuera. Todo no está perdido, la barca no se hunde, ríanse del bamboleo y disfruten la lluvia que el viento arroja sobre sus rostros, sonrían que el Invisible está cerca y todo irá bien, cuando llegue traerá consigo la calma”. Ese es su deseo, no estén en ansiosa inquietud ni se espanten con los horrores del abismo que se puede pasar sobre el caminando sin ser tragados.


Así veo a Jesús no como un fantasma como lo vieron ellos, sino a un Jesús divino y como tal Creador de todo lo que existe, en su manifestación de Palabra hecha carne y caminando sobre el agua. Es la victoria de la Palabra sobre las leyes que ella creó. El mar no se lo tragaba y él transitaba sobre las olas como si fuera sobre un camino de piedras. El Creador no está sujeto a las leyes que él mismo impuso y por medio de las cuales mantiene unidas todas las partes del universo. Una y otra vez Jesús les mostraba su dimensión divina en relación con los efectos naturales y las epidemias humanas, y además de esas gloriosas muestras les ofrecía en nombre del Padre, el perdón de los pecados. Quedaba así nuestro Señor manifestado a los ojos de los hombres todo lo que el corazón de ellos deseaba.


Todos aquellos sinsabores perturbaron por un tiempo el espíritu de sus amados porque ellos no lo habían comprendido en las experiencias anteriores y no tenían como aplicar la fe, en este casi trágico y nuevo momento. Cuando nuestro Señor les dijo "al que cree todo le es posible" (9:23) y "si creéis nada os será imposible" (Mt. 17: 20), les estaba diciendo la verdad, algo que podrían conseguir si tomaran como única preocupación en la vida la resolución de cómo incrementar la fe; entonces podrían como él usando los poderes del otro mundo, tapar bocas de leones, beber cosa mortífera, y transitar en calma sobre las olas salvajes de este mundo.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...