martes, 2 de abril de 2013

Deseando la muerte


Jonás14:2-3
Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos!”. 


La palabra murmurar es más fuerte que hablar mal de una persona ausente. Tiene la misma fuerza equivalente en la palabra rebelde (v.9).Cada vez que la obra estaba en crisis (crisis imaginarias, luchando con fantasmas), murmuraban contra Moisés (v.27). ¿Qué forma de hablar es esa Israel, deseando la muerte? ¿No ves que todas son imaginaciones que se alzan de tu miedo? Es cierto que hay enemigos poderosos donde tienes que ir, pero aún no ha llegado el momento de combatirlos; no te adelantes al futuro, ellos no se han movido contra ti; ten fe y quítate ese miedo.

¿Por qué nos adelantamos al futuro con preocupaciones? No podemos entrar donde queremos por esa razón; nuestros pies tropiezan en la niebla que fabricamos y no vemos la incredulidad. La Biblia cuando en la muerte de los patriarcas resume sus vidas, dice “y murió lleno de días” (Ge.35:29), no de años.  Jonás fue otro que por ¡la muerte de un árbol!, no por la muerte de un hijo ni de su ministerio, empezó a querer morirse (Jon.4:3). 

Sin embargo el apóstol Pablo dijo que se encontraría mejor en el cielo con un cuerpo glorificado que con uno de muerte aquí en la tierra, pero que pensándolo bien, añadió que esperaba quedarse un tiempo más sin pedirle a Señor que se lo llevara (Flp.1:21-25).Jesús mismo nos llamó la atención que las preocupaciones estén actualizadas y que no sean más que las que Dios dispone para cada día, sin aumentarlas fantásticamente (Mt.6:34).