domingo, 14 de abril de 2013

Perdona dinero y pecados, si puedes

Deueronomio 15:1-6
Y esta es la manera de la remisión: perdonará a su deudor todo aquel que hizo empréstito de su mano, con el cual obligó a su prójimo; no lo demandará más a su prójimo, o a su hermano, porque es pregonada la remisión de Jehová”.

 ¿Perdonar dinero? El Señor Jesucristo comparó los pecados con dinero (Mt.18:28-30). Cuando se le pide perdón a Dios se le ruega que cancele una “deuda” (Mt.6:12). Antes que el perdón “espiritual”, los pecados del prójimo, Dios enseñó a su pueblo que aprendiera perdonando dinero a los que habían tomado prestado y no podían devolverlo; así el perdón sería una generosidad de gracia, porque el que perdonaba no necesitaba la recuperación de ese dinero porque Dios le había añadido mucho más por otro lado, y comprendía que la fortuna que iba acumulando se la estaba dando Dios.   

También el perdón sería una muestra humana de misericordia hacia el prójimo a quien se le amaba al perdonarlo. El trasfondo de todo eso era enseñar el amor al prójimo y que no es necesario, conveniente ni cristiano, reducir a la miseria al prójimo para enriquecerse uno, que se puede negociar con él sin explotarlo. El perdón conllevaba la pérdida de dinero en este caso, un dinero que se había dado con promesa de restaurarlo y no regresaría; pero era otra gran lección que les daba, que cuando uno perdona pierde algo pero gana mucho; renuncia a su derecho, ejercita la memoria con olvido porque se aprende que se gana más cuando se perdona que cuando se recuerda. No hemos aprendido a perdonar los pecados hasta que no sepamos perdonar deudas financieras que no nos pueden pagar, y no nos han de hacer más ricos o más pobres. Y esto nada tiene que ver con los morosos en devolver el dinero tomado, a los cuales sí hay que exigirles que reintegren, como puedan, lo que sacaron prestado, porque es impío  el que toma prestado y no paga (Sal.37:21).