lunes, 29 de abril de 2013

Diferencia entre comunismo y cristianismo

Hechos 4:32
"La congregación de los que creyeron era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad común". 

¡Qué bonito es esto, Señor, que toda la iglesia tenga un solo corazón y una sola alma! ¡Qué unidad tan preciosa! La madre de todas las iglesias del mundo era un gran ejemplo. Casi no se oía decir: "Esto es mío" sino "esto es tuyo". ¿Es que acaso somos los absolutos poseedores de lo que tenemos, o en nuestros títulos de propiedades están los nombres de nuestros hermanos? Eso ocurrió así porque la iglesia formó otra sociedad, era una comunidad distinta a la que le rodeaba. Ese principio de amar se mantuvo aunque no con tanta cohesión (vv.34,35).

No inventaron ningún orden económico, tendrían que saber que si Cristo se demoraba en venir aquello se acabaría; pero vivían con desprendimiento. Tendrían los apóstoles que darse cuenta que si se consumía y no se producía sería la ruina económica de los hermanos prósperos. Se sumergían voluntariamente en la absoluta pobreza. Años después el apóstol Pablo tuvo que recoger ofrendas para los hermanos de Jerusalén. Tal vez Lucas escribe esto para contrastar con sus tiempos cuando “cada uno busca lo suyo propio y no lo que es de Cristo Jesús” (Flp.2:21). Esto no es un comunismo primitivo sino cristianismo con una colosal diferencia, porque el cristianismo dice “todo lo mío es tuyo” y esa otra engañosa y vetusta quimera, el comunismo, dice “todo lo tuyo es mío”, con la excusa del estado de recogerlo todo y repartirlo, y se hace dueño y señor de cada cosa incluyendo las personas y sus destinos. Reparte primero y después recoge lo repartido, o lo deja como vendido a cambio de libertades y alma.